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sábado, 23 de octubre de 2010

Orbis Musicae, la caja de música de Copérnico


La diferencia entre el sonido y el ruido es la vibración regular del primero, lo que produce una sensación agradable al oído. Los pitagóricos hicieron este descubrimiento en forma experimental. En su villa de Crotone, Calabria, Pitágoras hizo vibrar cuerdas tensadas hasta que consiguió establecer relaciones numéricas con sus sensaciones auditivas. Descubrió los armónicos. Una nota es una suma de uno o más armónicos. Cuando la cuerda de un violín vibra en un armónico describe una sinusoide.
La sinusoide es la curva que describe una función matemática llamada seno. El seno de un ángulo es la relación que existe entre la hipotenusa y el cateto opuesto de un triángulo rectángulo (otra vez Pitágoras). Si imaginamos un círculo que está dividido por una línea y un punto en el borde, se formará un único triángulo rectángulo con ese punto, un punto situado en la línea antes mencionada y el centro. Cuando el círculo gire avanzando en un plano horizontal sin deslizamiento, el punto situado sobre la línea divisoria se moverá describiendo una sinusoide (el centro del círculo dibujará una línea y el punto en la circunferencia un cicloide). Podemos concluir, entonces, que la música guarda relación con puntos girando en el borde de un círculo.
Por mucho tiempo se creyó en el geocentrismo: la Tierra como centro del universo. La Iglesia Católica tenía esa posición. Fue Copérnico que le dio un golpe de estado a la Tierra en favor del Sol, formulando el heliocentrismo, en el que los planetas, incluida la Tierra, giran en órbitas circulares alrededor del Sol. La Tierra perdió para siempre su lugar en el gobierno central pasando a ser una simple súbdita, y no de las mayores. Más tarde Kepler descubrió que las órbitas en realidad eran elípticas y que el Sol ocupa uno de los focos, pero eso no guarda relación con este relato.
Basado en los dos principios mencionados, los armónicos y el heliocentrismo, en sus últimos años de vida y utilizando los materiales más nobles disponibles, maderas duras y piedras y metales preciosos, Copérnico construyó una caja de música con seis ruedas, llamadas las planetarias, calibradas según las órbitas de los seis planetas conocidos hasta ese entonces (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno). Con este autómata logró reproducir una música celestial que brinda a su oyente paz y una claridad mental extraordinaria, a la vez que elimina todo rastro de cansancio. Teorías no comprobadas establecen una relación entre la música que emite la caja y el incremento de la actividad de las ondas alfa que produce el cerebro. Copérnico bautizó a su caja como Orbis Musicae.
Las crónicas de la época establecen que Copérnico regaló su obra maestra al príncipe elector de Westfalia, y éste, a su vez, al emperador del Sacro Imperio Romano. Se cuenta que el emperador utilizaba la Orbis Musicae, junto con una copa de oporto, antes de adoptar cualquier decisión trascendental referida a su gobierno.
La historia de la Orbis Musicae se perdió en el tiempo, al punto que se la creyó un objeto legendario, al estilo del Santo Grial. Fue recién a fines del siglo XX, pocos días antes del cambio de milenio, que reapareció en Londres y se publicó la única foto conocida de la Orbis Musicae, en la que aparecen sus seis ruedas planetarias. La caja es propiedad de la corona inglesa, una de sus mayores joyas. Se cree que ha sido utilizada por reyes y primeros ministros británicos desde principios del siglo XVIII y se atribuye a su uso el otrora dominio inglés de los mares.

miércoles, 20 de octubre de 2010

HONDO DESTINO

Hacía varios días que estaba arreglando el jardin, era un extenso terreno, en parte algo yermo, con poca vegetación rala y mustia, pero hacia el límite con la pared medianera se extendía una maraña de enredaderas mezcla de hiedra que trepaba por la pared, grateus y unas guías espinosas, también se adivinaban ocultos restos de escombros e informes masas de pedruscos. Las enredaderas de a poco las fui desentrañando a golpe de azadas, rastrillos, inclusive a golpes de pico. Armé una pila con las enredaderas esperando que se secaran para darles fuego. Con pico y pala fui sacando los escombros, viejos despojos de una construcción anterior a mi época, los restos estaban cubiertos por una espesa capa de musgos, había restos de ladrillos de gran tamaño ligados por una mezcla compuesta de tierra negra y rojiza, creo que la llamaban “tierra romana”. Al desembarazar de vegetación el espacio lindero, junto a un rincón encontré una losa rectangular que ¿quién sabe que tapaba u ocultaba?. Como era domingo y ya atardecía decidí abandonar la faena, y la dichosa losa. Pasé la semana enfrascado en las tareas de mi profesión: corrector en una pequeña editorial especializada en ediciones de bajo tiraje, y ediciones colectivas.

Al retomar las tareas en el terreno con curiosidad e intriga ví que la losa estaba algo desplazada del sitio y algo levantada, pero que no permitía adivinar que ocultaba. Intenté hacer palanca con una barreta, inútil esfuerzo, no se movió ni un centímetro. A la noche habiendo conciliado el sueño, visualizo el rincón de la medianera con la imagen de la losa que vibraba, se levantaba y escapaba una luminiscencia verde amarillenta acompañada de un murmullo atenuado, seguido de un gruñido entrecortado, a continuación salía del hueco una excrecencia con consistencia espesa. Me desperté ahogado y bañado en un sudor frío y con una aguda puntada en la zona coxal. Me refresqué en el baño, me volví a acostar y no logré conciliar el sueño. Cercano al amanecer me levanté y abrí la ventana, instintivamente dirigí mi mirada hacia el inquietante rincón, la losa estaba partida y una masa espesa como un charco de alquitrán burbujeante manaba de la abertura. Tembloroso me vestí y salí al terreno, con cautela y no exento de temor, me acerqué al fatídico rincón, con una rama toqué la oscura mancha que en contacto, esta ardió, estremeciéndome me retiré.....pero algo hipnótico e intangible me atrajo. Los trozos de la losa se apartaron, me paré a un par de pasos, nuevamente la tracción me llevó al borde mismo del hueco, una luminosidad reflectante me llevó a asomarme, y la superficie líquida me devolvió mi imagen, repentinamente salió un ¿brazo humano? Y me asió del cuello arrastrándome a las profundidades......

El tiempo transcurre inexorable, una década después, en el terreno se comenzó a erigir una construcción y en un rincón del terreno se halló un pozo que al desagotarlo hallaron dos esqueletos humanos unidos por las vértebras coxales......!!??

HYERONIMUS KALIBAN

AULLANTE PLENILUNIO

Es noche cerrada. En el nosocomio hay un silencio pesado. Al recorrer los pasillos, el celador nocturno se asoma furtivamente a las puertas entornadas de las habitaciones alineadas a ambos lados, al final del pasillo hay un gran ventanal por el que penetra la claridad que proyecta una clara y límpida luna llena, se detiene a contemplarla, se agacha y recoge algo caído en el piso haciendo tintinear el abultado llavero que porta enganchado a su cinturón. Al dar vuelta un recodo del pasillo llega a sus oídos un sordo gruñido y luego un aullido. Se acerca a la puerta de donde parten tales sonidos, en la parte superior tiene una mirilla por la que atisba lo que en apariencia parecería un animal agazapado en un rincón, que al incorporarse y aferrarse a los barrotes de la ventana tiene toda la apariencia de un ser humano, que profiere lastimeros gruñidos alternándolos con prolongados aullidos hacia la claridad lunar. Terminada su ronda retorna a la sala de guardia que comparte por igual con enfermeros y facultativos.

-?Qué tal la ronda don Eusebio, todo tranquilo.....?

-Si como siempre, solo el paciente aullador, que al haber luna llena anda alterado..... ?Es verdad Dr. que es el séptimo hijo varón de la familia Mendietta, el que tiene el puesto por el el bajo de la Torcaza...?

Uno de los integrantes de la guardia, un corpulento y canoso individuo, ataviado con una túnica blanca y con un estetoscopio colgando de su cuello, se pone de pie y abriendo un cajón de un archivador extrajo una carpeta que apoyó sobre una mesa abriéndolo.

-”La historia clínica de nuestro “ululante” paciente es digna de destacar por su patético recorrido desde la más tierna niñéz. Su primera infancia transcurrió en un establecimiento rural siendo tratado como un animal más, se lo encerraba en un corral junto con diversos animales domésticos con quienes debía disputar su diaria alimentación. Cuando tenía cierta libertad era llevado con collar y correa a realizar largos recorridos junto a perros con quienes adquirió los hábitos que aún hoy conserva. Desarrolló un fino sentido de la observación y un olfato infalible. Un buen día se sacudió el yugo, logrando evadirse de su servicio-cautiverio. Siendo encontrado deambulando por agentes de la ley en una agreste zona serrana, siendo alojado y alimentado por los miembros del destacamento policial, quienes además notificaron su hallazgo a autoridades civiles en el área sanitaria. El primer contacto no fue para nada pasivo ni pacífico, dió batalla, pero acercándole alimento y agua se lo pudo atraer. Al principio fue dificil la comunicación oral, pero por lenguaje gestual se logró establecer una relación de mayor confianza, y establecer su lugar de procedencia. Las autoridades al allanar el establecimiento rural pudieron comprobar las condiciones de hacinamiento y los motivos de tal tratamiento del “homo canis vulgaris”. Para nuestra clínica es todo un desafío poder llegar a un satisfactorio final en lo referente a una recuperación y lo más crítico y delicado una inserción social, pues el tiempo transcurrido, es uno de los escollos más difíciles a superar. Aún en su alojamiento adopta posturas animales, se alimenta sin usar los miembros superiores, comiendo del plato acuclillado y bebiendo líquidos de igual forma, su contacto con el resto de los internos es de pasividad e inclusive prescindente. Todo un desafío para la ciencia etológica, la que refiere los actos y conductas de los seres vivos”.

Al culminar su disertación el Dr. Calegar, sus facciones se alteraron, los ojos adquirieron un brillo siniestro, su canosa cabellera parecía la melena de un felino desaforado. Y arrancó nuevamente a voz en cuello a exclamar:
-??Un Homo canis vulgaris, tenemos a un Homo canis vulgaris...!!

HYERONIMUS KALIBAN

CAMINO

El movimiento del vehículo producía violentas sacudidas, debido a lo irregular del terreno por donde circulaba. El paisaje circundante era monótono, una espesa nube de polvo lo cubría todo, produciendo un efecto sobrenatural, pero al volver la visión normal, poco cambio se verificaba. El campo llano, algún animal pastando, la típica vivienda rural con su molino de agua, un pequeño monte artificial amparando al ganado del inclemente sol del mediodía. Repentinamente la senda se vio interrumpida por una portera que por su aspecto demostraba que no se hubiese usado hacía tiempo, y que al intentar abrirla no cedió fácilmente. Una zarza espinosa entrelazaba sus guías a lo largo de la abertura, intentó treparse para ver lo que se ocultaba detrás del sendero bloqueado, lo hizo con cautela, pues las amenazadoras púas de la enredadera, no facilitaban la operación, con algunos rasguños consiguió su propósito, lo que se mostraba a su curiosa mirada, difería notoriamente del paisaje visto y recorrido antes de la interrupción, el suelo presentaba escasa vegetación, de un color gris amarronado, otro indicio de desolación era la ausencia del canto de aves. Al erguirse para ver mejor, divisó una oscura mole edilicia sobre una elevación del terreno, flanqueada por árboles de gruesos troncos despojados de follaje, completando el cuadro, un tenue vapor envolvía la abandonada edificación. Bajó del vallado, verificó la hora, el tiempo había transcurrido más rápido de lo previsible, y habiendo hecho un desvío, el retorno a una ruta abierta insumiría el resto de la tarde, que ya declinaba. Al consultar el mapa carretero, la senda que estaba cortada no figuraba, sólo se mencionaba un área de montes naturales, con profusión de corrientes de agua.

Al retomar la marcha, lo hizo por una ruta con tránsito regular, y buena señalización, la que le permitió acceder a un centro poblado, al que arribó ya anochecido. Obtuvo alojamiento en una pensión de uso habitual de camioneros y modestos viajantes de comercio.

El trajinar del día ayudaron la llegada del reparador sueño. Reparador? Una avalancha de imágenes amenazadoras, inquietantes se abatieron sobre su inconsciente, se veía caminando a través de la reja, ya abierta, internándose por el misterioso terreno, que al pisarlo producía un crujido siniestro. A pesar de ser un sueño podía sentir el fétido olor del vapor desprendido del terreno, al avanzar hacia la oscura edificación, una fuerte opresión en el pecho le impedía caminar, los pies le pesaban, del interior de la construcción surgían unas siluetas indefinidas, que caminaban en forma errática, y estiraban los brazos con gestos suplicantes, las figuras se acercaban mostrando sus rostros surcados por cicatrices y llagas…….de pronto se despertó sofocado, con una sensación de fuego que le recorría todo el cuerpo. Para calmar tan incómoda sensación, salió de la habitación al exterior pero el fuego corporal no disminuía, lo que si sucedió al amanecer.

Emprendida la marcha el clima fue cambiando, de seco y sofocante de la víspera a fresco y ventoso con amenaza de tormenta. A los pocos quilómetros, un torbellino de viento envolvió al vehículo, casi de inmediato comenzó una pertinaz lluvia, acompañada de una impenetrable oscuridad, por precaución detuvo la marcha. Descendiendo del coche intentó orientarse, la cortina de agua no le permitió su propósito, retornó a refugiarse al vehículo, el frío y la mojadura lo sumieron en una modorra. De inmediato una leve sacudida y un sonido atenuado lo despertaron, al incorporarse unos tenues resplandores se percibieron a escasa distancia, las luces oscilaban, daban la impresión que se acercaban, para luego alejarse. La intensa lluvia se había trocado en llovizna, una curiosidad compulsiva lo llevó a acercarse al extraño fenómeno, las luces respondían a unas teas que despedían un resplandor verde amarillento, portadas por un grupo de figuras de contorno indefinido, rodeaba al grupo una cerrazón que impedía definir su aspecto, como magnetizado se vio arrastrado por la procesión hacia un portal rodeado de una siniestra enredadera espinosa, que daba paso a un alucinado y espectral escenario: el edificio de la víspera despedía un resplandor llameante, al acercarse el calor no lo quemaba, lo abrazó, lo abrazó, LO ABRASÓ…..

Aún es posible ver los restos calcinados de un vehículo, según los lugareños un día de tormenta eléctrica fue impactado por un rayo.

HYERONIMUS KALIBAN

ALETEO DE PASOS

Los pasos se acercan sin percibirse el roce sobre las lozas de la calleja, su levedad se semejaba al transitar por un mullido felpudo, ya se acercan al fin de su camino, al pasar bajo la mortecina luz y realizar un giro, se reveló la cruda realidad del enigmático viandante: un lisiado mutilado en sus miembros inferiores que se deslizaba con el apoyo de unas fundas almohadilladas que acallaban su andar. El oído puede engañar, pero la vista develar la verdad descarnada........Un ruego completó el periplo: “...por caridad su señoría una limosna para este despojo.........por caridad una ayuda.....”

HYERONIMUS KALIBAN

martes, 19 de octubre de 2010

QUE ES LA CULTURA CYBERPUNK


Podemos decir que “desciende” de la ciencia ficción, son esas historias que escribimos respondiéndonos a la pregunta: ¿Qué pasaría si... ?. El avance de la red global de comunicaciones le dio a la vieja ciencia ficción el alimento necesario para adecuar sus historias al “nuevo mundo tecnológico”. Se desarrolló entre los años 1980/90. La primera mención al término cyber-espacio se la atribuye al escritor William Gibson (1948..). En su novela “Neuromante” (1984) Gibson tuvo la brillante idea de ubicar a sus personajes en un mundo del futuro, donde las máquinas dominan nuestros pensamientos y acciones. Los humanos son híbridos máquina-hombre, donde se le implantan realidades virtuales, donde se intercambian las piezas de memoria como si nos cambiásemos las medias. En estas historias siempre hay un hacker, que está fuera de la ley. El personaje del chico que está rodeado de monitores encendidos casi todo el tiempo es una constante.
Los personajes y el ambiente cyberpunk:
El híbrido máquina-humano, robot-humanoide: un ejemplo es Arnold Schwarzenegger en “El vengador de futuro” Total Recoll (1990) historia basada en el cuento “Podemos recordarlo por usted al por mayor” escrito en 1966 por Philip K. Dick. Y el otro personaje es un hacker que bien podríamos referirnos a Neo interpretado por Keanu Reeves en la trilogía Matrix (1999-2003) escrita por los hermanos Wachowski.
También hay un ambiente que rodea a estos personajes que es el esqueleto de las historias y es “el mal uso de las tecnologías”. Entiéndase por mal uso a la aplicación de la tecnología para beneficio propio de las grandes corporaciones que quieren dominar las mentes de todos los seres humanos. Entonces vamos llegando a la verdadera interpretación de la palabra cyberpunk. “Punk” por la rebeldía de no dejarse dominar. La palabra punk viene asociada anárquicamente a la visión de: “No permito que apliques la tecnología para dominarme”... y para eso debo conocerte. La única manera cyberpunk de no dejarme dominar es el conocimiento por dentro del mismo sistema que me quiere dominar. Es por eso que vemos al personaje hacker tratando de descifrar software, revelando códigos, como una manera de defenderse del: “Mal uso tecnológico”.
Como subcultura cyberpuk encontramos el Steamp punk y el Bio punk, que desarrollaremos más adelante.

Mónica Marchesky
Maupassant
"Portadora del Libro Oscuro en la Villa Diodati"

domingo, 17 de octubre de 2010

Ghost in the Shell

Ghost in the Shell (Película) (1995)

Lanzamiento 19 de noviembre de 1995 Duración 82 minutos
Llegados al año 1995, Mamoru Oshii fue reconocido internacionalmente gracias a la superproducción Kōkaku kidōtai -Ghost in the Shell-, un increíble largometraje que generó una admiración por la animación japonesa en todo occidente. Basado en la obra homónima de Masamune Shirow, el universo de GITS representa un paso adelante en la imaginería visual y creativa de la ciencia ficción. A diferencia de la novela gráfica, la cinta animada se convirtió en una referencia obligada del género cyberpunk en los medios audiovisuales bien sea por la calidad de su animación o por el enfoque que tomó la trama de Shirow (no muy centrada en los problemas culturales y éticos que creó en su obra) cosa que en manos de Oshii se diferenció notablemente; seria, trascendental, y con estilo narrativo propio, casi poético, y es que no hay ningún diálogo o imagen dejado al azar o que desmerezca atención por parte del espectador, que busque en él un asomo de conciencia El tema principal del manga (y la única historia presente en la película) es la persecución de un criminal de los medios electrónicos, conocido como el Puppet Master (el Maestro de Marionetas, en la traducción española), y cuya identidad se desconoce. El Puppet Master ha cometido varios crímenes con un único modus operandi: el ghost hacking, que consiste en irrumpir y tomar control de la mente de un ser humano. Al desvelar el misterio del Puppet Master, los agentes de la Sección 9 comprenden que no se trata de un criminal común y corriente, sino de un proyecto de inteligencia artificial autónoma que pertenece al gobierno, el mismo gobierno al que la Sección 9 presta servicios, y se ha fugado a la espera de un cuerpo de verdad y una identidad humana. Si bien en principio Kusanagi se muestra escéptica, finalmente cede para que el Puppet Master se una a su conciencia y comparta su cuerpo, lo que hace con la intención de sacar a relucir aún más dudas acerca de la naturaleza de la identidad humana, en un mundo donde la conciencia humana ya no es algo tan particular.
Una de las películas en las que se puede apreciar claramente la influencia de Ghost in the Shell es The Matrix. Las principales similitudes entre ambas películas son:
· La lluvia digital de la Matrix (los patrones de texto verde que caen representando el código de la Matrix) reestructuran el opening del primer film Ghost in the Shell estrenado en 1995 (4 años antes que The Matrix).
· Durante la escena del comienzo en la que Trinity escapa de los agentes, en la toma donde aterriza sobre el techo es casi idéntica a la toma en que la mayor Kusanagi persigue al primer títere en la primera película.
· La toma en la que el primer títere escapa de Batou en el mercado en la primera Ghost in the Shell y la toma en la que Neo (Matrix) escapa de un trío de agentes en el mercado coincide en la explosión de sandías y en los civiles aterrorizados por el fuego cruzado de la persecución.
· El famoso tiroteo del lobby, que presenta a Neo y Trinity protegiéndose del fuego detrás de unos pilares de piedra y la escena de GiTS donde Kusanagi lo hace durante su batalla contra el tanque.
· También existe una clara relación entre el concepto de Matrix y los cerebros interconectados cibernéticamente como inconsciente colectivo presentados en GitS'.
· Hay similitudes también entre los argumentos de ambas películas. En GitS, al comienzo Kusanagi busca al Puppet Master para arrestarlo, mientras que sobre
el final de la película, se revela que en realidad es el Puppet Master quien busca a Kusanagi para fusionarse con ella. En The Matrix, Neo es quien al comienzo busca a Morfeo, cuando finalmente lo encuentra, Morpheus le confiesa que en realidad era él quien estuvo buscando toda su vida al Elegido.
· Ambas series manejan mitologías similares, así como sus temas y arquetipos están relacionados con el libro Neuromancer de William Gibson y otras de sus historias
Finalmente, los hermanos Wachowski, creadores de la trilogía Matrix, reconocieron la influencia de Ghost in The Shell en una entrevista. El productor Joel Silver también la admitió en una entrevista realizada en el DVD de The Animatrix, en el que fue mostrada una secuencia de Ghost in the Shell junto con los Wachowski indicando el estilo que querían lograr ellos para los cortos animados de The Animatrix.

Ghost in the Shell 2.0

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Astronauta



ASTRONAUTA
Las grisáceas cabras pastaban en los verdes campos, cobijadas por blancas montañas; detrás, el fresco mar bañaba la costa dorada. El sol se ocultaba en el horizonte haciendo estallar en fuego el antes azul cielo...Cada seis meses debía alimentarse de forma natural, no intravenosa; también debía ejercitarse pues la criogenia prolongada podría provocarle hipertrofia muscular y osteoporosis. Es tiempo de cosecha, rotación de tierras y replantado de frutas y verduras. Estas tares son tal vez las más importantes que tiene para realizar. Si la cosecha moría también él estaría muerto así como la nave que lo transporta, finalizando su misión sin existo. 318 años, tiempo de la tierra, viajando por el espacio a 10 veces la velocidad de la luz hacen de la nave chatarra de difícil mantenimiento. Además de las piezas metálicas debía controlar el correcto flujo de combustible vegetal a los motores, la deshidratación y capsulacion de los alimentos así como el estado del curso y escritura de bitácora de viaje. Todo este trabajo le dejaba poco tiempo para pensar en La Tierra que dejo atrás. Ya no recordaba si tenía familia, si alguna vez amo o si lo amaron. Recordaba si el despegue, la presión en los ojos, la falta de aire. El ruido ensordecedor de la muchedumbre preguntando en la conferencia de prensa, las eternas discusiones sobre la existencia de Dios y el extremo final del universo. Los atentados terroristas, perpetrados por la unión católico-musulmana, no retrasaron el despegue, la falta de aire, la presión en los ojos, el ruido ensordecedor..., el silencio eterno del espacio profundo, la eterna soledad. En el poco tiempo libre que tenia leía sobre La Tierra, no se resignaba a olvidarla, aunque sabia que jamás la volvería a ver excepto en sus sueños, cada 4 meses durante 6 meses en criogenia. Entonces de nuevo los campos, las montañas, el infinito azul del mar. El despertar de criogenia es tranquilo. Lentamente las nieblas del sueño se disipan dando lugar a las sombras de la cámara, de tenues luces amarillas, que lo contenía. Pero hoy por primera vez no fue así. El sueño fue abruptamente interrumpido y las titilantes luces rojas lastimaban sus desacostumbradas pupilas. Estirando algunos músculos aun dormidos se incorpora y corre, raudo por los rojos pasillos de la nave. En la sala del capitán consulta la bitácora de viaje. Había sido despertado a los 2 meses y 3 días de comenzado la criogenia, para su sorpresa no por fallo técnico (esto ya había sucedido algunos años atrás). La computadora tenía orden informar en cualquier momento si se cumplía la prerrogativa de la misión o si se encontraba algo que pudiera significar el destino final de la misma: el final del universo. Desconecto las luces de emergencia, que lo estaban enloqueciendo. Las maquinas de la nave estaban apagadas, solo se escuchaba su corazón que le explotaba en el pecho. Los instrumentos marcaban algo al frente pero no podían identificarlo, así que decidió salir a verificar en persona. El traje espacial poseía la mejor tecnología de la época. Se le podían acoplar un sinfín de herramientas controladas por electrodos conectados directamente al cerebro. Los brazos van cruzados al frente, sobre el pecho, esto maximiza los sentidos permitiendo al astronauta oler, oír y sentir lo inimaginable. Saltó al helado espacio y se deslizo hasta la proa, irguiéndose sobre ella. Al alzar la vista quiso reír, pero sus músculos faciales ya habían olvidado como hacerlo. De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, el muro era infinito. No podía verse a través de el. Negro, opaco. Reflejaba las estrellas, que había dejado tras de sí, pero no lo reflejaba a el ni a su nave. El muro era suave y helado como la seda. Tal vez fuera de vidrio o acrílico, pero mullido y acolchado como una gruesa frazada de invierno. Se arrastro por la eterna pared, descubriendo que no era tan eterna. Encontró aristas que formaban esquinas. Levanto la vista y en la negra inmensidad vio una pequeña ventana por donde se escurría un tenue rayo de luz. Temeroso se arrastro por la pared. Pensaba que ese no podía ser el final, que debía haber algo mas y él quería saber que era ese "algo mas". Se asomo tímidamente a la ventana. La sangre se congelo en sus venas al ver una sombra acercarse desde el otro lado. Retrocedió, tropezando con sus propios pies, cayendo en un rincón contra la suave pared. Los ojos desorbitados, fijos en la ventana. Aterrado vio como el muro cedía frente a el. De la luz surgieron varias sombras que lo alzaron. Lo colocaron en una especie de camilla, sujetándolo con fuertes correas de cuero. Le aplicaron un sedante inyectable por encima de la camisa de fuerza. Mientras lo conducían a la sala de electroshock sus gritos hacían eco por los pasillos del siquiátrico:-¡YA NO ESTOY LOCO! ¡YA RECUPERE LA RAZON!

domingo, 26 de septiembre de 2010

El Coro


A principios del siglo XXI ocurrió la tan temida invasión al planeta Tierra.

Una raza guerrera hacía tiempo que vigilaba a los humanos. A partir del estudio de diversos humanos secuestrados durante años conocía las posibilidades y debilidades de los habitantes de la Tierra.


Lo habían calculado minuciosamente. La invasión no sería fácil pero la victoria era segura. El factor sorpresa sería un importante aliado de los invasores y, por más que los humanos fueran seis mil millones, no había ser en este mundo capaz de oponerse a los que venían a dominarlo.


Confiados en sus fuerzas, los invasores enviaron la primera misión de reconocimiento y control. Su tarea era fácil: hacer una demostración de poder frente a algunos cientos de personas y dejar que el pánico recorriera el mundo. Despues de eso, atacarían masivamente a un mundo aterrorizado y desprevenido.


El lugar elegido era como cualquiera. El ser encargado de dar el primer paso de la invasión apuntó sus instrumentos a aquella reunión de algunos cientos de personas, los miró y escuchó. Se aseguraba que no hubiera nada extraño y en pocos instantes daría la orden de bajar.


En el medio del jardín, los humanos conversaban y disfrutaban de la tarde soleada. Nada sabían de lo que se escondía en el cielo y solo callaron un poco cuando alguien llamó la atención para hacer unas presentaciones.


Luego de la presentación, el coro empezó a cantar. Decenas de voces, que eran una sola. Decenas de gargantas fundidas en una canción con vida propia. Cientos de pulmones que procuraban respirar despacito, embelezados con tanta belleza. Cientos de manos que, cada tanto, explotaban de júbilo al unísono.


Desde el cielo, el encargado dudó extrañado. Los instrumentos mostraban una voz con una potencia inusitada, mostraban que el jardín latía como un sólo ser. Sin embargo, el podía ver a los humanos individuales, no demasiado distintos a los que ya concía.


En ese momento se dió cuenta. Los humanos tenían una propiedad desconocida para los invasores: podían amalgamarse en entidades superiores. El coro era la prueba. Su voz, su fuerza, su magia, era del todo superior a la suma de sus partes.


Era un error demasiado grande, una imprevisión crítica. La invasión fué rápidamente suspendida.


Cuando el coro terminó, el público agradeció emocionado. Nunca lo suficiente.

sábado, 18 de septiembre de 2010

URUGUAY 2030

(Ejercicio de taller)
“El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto”

William Gibson


Al menos esa fue la comparación que hizo Javier en su cabeza, aun no entendía porqué había recordado aquellos viejos televisores que parecían gigantes cajas negras e incluso algunos traían antenas para captar las señales. Probablemente su regreso a Montevideo luego de diez años de su partida le traían esos recuerdos nostálgicos. Pero sí, el invierno de julio hacían que el cielo uruguayo fuese gris noche y Javier lo miraba con atención por la ventana de la nave que estaba a punto de llegar a puerto.
Javier era un joven solitario, quizás porque tras el fallecimiento de su madre a los quince años tuvo que partir hacia Tokio donde lo cuidaría su tío, desde ese entonces solo se había dedicado al estudio y posteriormente al trabajo, de hecho, no había tenido grandes historias amorosas con chicas, a pesar que era un joven muy apuesto, con un pelo lacio castaño casi rubio, sus grandes ojos color mar y su cuerpo ejercitado con éxito en un gimnasio virtual diariamente.
La vida en Tokio era muy fácil, las máquinas y robots lo hacían todo, el trabajo de Javier era solo de supervisión y este fue el problema que lo convenció de regresar a Montevideo, quería sentir alguna emoción.
Es así como ahora se encontraba mirando por una ventanilla de esas nuevas naves que volaban sobre el océano a 15 metros del agua, enormes y metálicas con forma de triangulo y tan veloces que su viaje de Tokio a Montevideo demoró solo cuatro horas y sin escalas. De esa manera llegó a puerto.
Una rampa mecánica se deslizó desde uno de los lados de la nave hasta suelo montevideano para que los pasajeros pudiesen descender, otra rampa mecánica en forma de curva salió de otro de los lados de la nave pero ésta era mucho más ancha y se apoyó en tierra.
Javier se bajo por la primera rampa, revisó sus bolsillos hasta que encontró un pequeño aparato con un solo botón, lo presionó y en treinta segundos su moto estaba bajando la segunda rampa dirigiéndose hacia él. La miro sonriéndose y se subió en ella.
Por primera vez miró la cuidad desde el puerto y a pesar de que el barrio “Cuidad Vieja” se veía tal como su nombre lo indicaba, algunos letreros electrónicos y cabinas para teletransportar objetos hacían ver que no había tanto atraso tecnológico, estar en Montevideo le había robado otra sonrisa, la segunda del día.
Subido en la moto, tomó su localizador de personas, indicó el país y la cuidad y se dispuso a encontrar a una persona especial para él, una amiga que lo acompaño en su vida desde que tiene uso de razón hasta el día que viajo a Tokio cuando los dos tenían 15 años, la extrañaba aun, y mucho.
-Pía Quintero –nombró Javier en voz alta sobre el micrófono de su localizador de personas.
-La persona que usted busca tiene exclusión de guía localizadora –contestó la maquina.
-Ufff –resopló Javier- no puede ser que después de diez años siga odiando la tecnología.
Se quedó sentado en su moto pensando y recordó aquel viejo aparato, se levantó y buscó debajo del asiento de la moto y ahí estaba el celular, el cual se encontraba apagado por falta de uso, lo conectó al gabinete de control del vehículo y en tres segundos la batería del teléfono móvil estaba cargada, lo prendió, buscó el numero de Pía y llamó.
-El móvil el cual usted llama se encuentra apagado… -contestó la operadora.
-Sí, sí, ya sé, si usted quiere saber la locación del móvil presione 3… –se burló de la contestadora y presionó 3.
De esta manera consiguió ubicar a Pía y la iba a visitar, Javier pensaba que ella podía generarle muchas emociones, ella sabría cómo.
Volvió a subirse a la moto, tecleó la dirección y enseguida un plano indicándole como llegar se apareció en la pantalla del panel de controles. Miró hacia todos lados y no encontró lo que buscaba entonces decidió preguntar:
-Discúlpeme señor. ¿Las líneas de transporte automático donde empiezan?
Lo que Javier buscaba eran líneas magnéticas en las calles donde las personas colocan su vehículo y se dirigen automáticamente, lo que estaba por descubrir es que aún no habían llegado a Uruguay.
-Amigo, las prometieron para el 2035, aun faltan cinco años, lo siento mucho. –le contestó el señor que pasaba.
-Ah… bueno, muchas gracias, no importa, manejaré –respondió amablemente, volvió la cabeza hacia su moto, miró el panel de controles y recordó que nunca la había manejado manualmente.
-Bueno hermosa… –dijo en voz alta dirigiéndose a la moto-, vamos a tener que trabajar en equipo, no debes ser tan difícil.
Lo que Javier aun no se había dado cuenta es que ya estaba cumpliendo el cometido de su viaje, su humor había cambiado rotundamente, ahora hasta hablaba solo y con los objetos.
Arrancó la moto y se puso en marcha rumbo a la casa de Pía por el camino que el plano de su moto le indicaba.
Reconoció una letra M redondeada, amarilla y roja y se detuvo.
-¡Bendito seas Ronald! –exclamó dirigiéndose al famoso payaso y paró a comer.
Hacía años que no comía más de lo que necesitaba. Volvió a llamar a su moto apretando el botón desde su bolsillo y siguió su camino hacia la casa de Pía. Al fin llegó, se bajó de la moto y tocó el timbre.
-¿Quién es? –se oyó una voz femenina por el portero eléctrico.
-¿Esta Pía Quintero allí? –preguntó Javier mientras miraba el portero buscándole una cámara o una pantalla.
-Sí, soy yo, ¿Quién es? –insistió Pía.
-Soy un viejo amigo, por favor bajá. –le pidió mientras le temblaban las piernas de los nervios, sensación que no sentía hacía años.
-O.K. –dijo ella y colgó el tubo.
Pía bajó y abrió la puerta, allí estaba ese muchacho con cara familiar recostado en una moto enorme de las de último modelo negra brillante, hermosa, él vestía unos jeans y una chaqueta de cuero y le podía contar al menos seis aparatos tecnológicos encima, que ella pudiera divisar, era muy lindo según los ojos de Pía, pero su cara le recordaba a alguien y se lo quedó mirando pensativa.
Javier por otro lado también había quedado mirándola fijamente, pensar que aquella muchacha que a sus quince años tenía acné y brackets para corregir sus dientes, hoy se paraba frente a él como una mujer hermosa con su pelo castaño lacio, sus inocentes ojos verdes y un cuerpo esbelto que la hacía lucir como una modelo, finalmente dejaron de mirarse solamente.
-¿Hola? –dijo Pía cortando el hielo.
-Hola –contestó Javier mientras pensaba en decir algo simpático a continuación-, veo que esos brackets hicieron un buen trabajo.
Fue una muy buena táctica para que ella sonriera y Javier al ver el buen trabajo de esos brackets también sonrió. A Pía se le vino a la mente su amigo de quince años, su cara se le transformó de duda a emoción y alegría.
-¿Javier? ¿Javi? –Le pregunto-¡Por Dios! ¡Sos vos!
Y mientras él sonreía y le asentía con la cabeza ella se le tiró encima, lo abrazó y le dio un gran beso en la mejilla. Javier se sorprendió de inmediato ya que hacia mucho tiempo que no tenía ese tipo de contacto con alguna persona, de todas maneras él también la abrazó.
Terminaron de saludarse, Pía seguía sorprendida, lo invitó a pasar y hablaron mucho, Javier le contó como la había encontrado gracias a la tecnología que ella odiaba, hablaron de lo que habían hecho esos últimos diez años y se rieron un poco de los implementos tecnológicos que él llevaba puestos como el detector de excremento en sus zapatos.
-Vas caminando y más o menos a 30 cm te suena una alarma en los pies, miras hacia adelante y ahí está, la caca de perro lista para que la pises, es muy útil Pía. –Intentaba convencerla pero ella solo se reía de la idea.
-Mirar al piso puede ser muy útil también Javi, hay otras cosas para esquivar en el piso montevideano.
Siguieron riendo un rato mientras tomaban unos mates.
-¡No te imaginas como extrañaba este gusto! –Dijo Javier.
-¡Sí! Yo no podría vivir sin un mate, pero me imagino que no fue el mate que te trajo de vuelta por Uruguay… -le contestó curiosa.
-No, de hecho fue un problema de salud, según mi psicólogo mi cuerpo está escaso de emociones y eso podría perjudicarme. –Explicó.
-Ah, bien. Al menos vas al psicólogo, ¿él te recomendó que vinieras?
-No… -contestó Javier con un poco de vergüenza-, digamos que mi psicólogo es un aparato que lo colocas en tu cabeza y te mide ciertas cosas y te da un diagnóstico y una recomendación…
Pía lo escuchaba y no lo creía.
-Eso es terrorífico Javi –le dijo mientras se reía-, ¿entonces tenés que vivir una emoción fuerte?
-¡Exacto! ¿Tenés alguna idea?
-De hecho si, se me acaba de ocurrir una muy buena idea, pero tenemos que salir ya a comprar unas entradas –terminó de decir esto y ya se estaba levantando, abrigando y agarrando las llaves.
-¿Qué? –Preguntó Javier como perdido-, ¿entradas de qué? ¿Adónde vamos? –mientras preguntaba también se aprontó para salir debido al ímpetu de ella.
-¡Javi! ¿Cómo entradas de qué? ¡Uruguay 2030! ¡Mundial de fútbol! Las entradas a la final se vendían a partir de hoy, ¿o me vas a decir que ya no te gusta el fútbol?
-¡Ufff! No me acordaba de eso, es que ahora el deporte de moda es el Magnetball y allá no pasan más fútbol.
-Sí, sí, olvídate de las pelotas magnéticas y las patinetas voladoras, vamos a ver fútbol de verdad –Pía estaba muy emocionada con la idea.
Se subieron a la moto y fueron a buscar las entradas, la moto de Javier piloteada manualmente por él iba a 120 km/hora por las calles de Montevideo hasta que llegaron al lugar e hicieron la cola mientras charlaban:
-Tu moto debería traer cascos –reflexionó Pía.
-No, no los necesita –le contestó Javier.
-Todas las motos necesitan cascos y más si vas a 120km/hora.
-No, de hecho ésta no los necesita, trae un sistema de magnetismo anti choque y acciona un control de gravedad anti caída cuando hay peligro, es imposible que te pase algo –le explicó.
-¡Ay Javi! Vos y tus aparatitos… -lo miró y le preguntó-: ¿trajiste tu celular? –mientras le revisaba los bolsillos.
-Si, acá esta, ¿Por qué? –sacó su celular del bolsillo y se lo entrego.
-Vamos a comprar las entradas en línea y que nos las manden por correo a casa, sino vamos a pasar horas acá parados.
Al ver la cara de incredulidad de Javier le explicó:
-Pensé que sería más emocionante hacer la cola, pero hace media hora que estamos acá y no hace mal usar un poquito la tecnología de vez en cuando –puso cara de niña buena y Javier no tuvo más remedio que sonreírle.
Así volvieron a la casa de Pía y siguieron contándose cosas y riendo, Javier nunca había sido tan feliz. El partido era en tres días y él se quedó en la casa de ella como huésped, visitaron lugares, paisajes, él se desprendió un poco de su tecnología y ella se adaptó un poco a las “maquinitas de comodidad” como solía llamarles.
Llegó el día del partido y fueron al Estadio Centenario, que lucía como nunca, era uno de los mejores estadios del mundo, pasaron sus entradas que eran tarjetas magnéticas por el censor y se subieron a la cinta mecánica que los llevaría a su ubicación.
La situación no podía ser mejor, Uruguay Vs. Brasil era la final, un partido que se mantuvo cero a cero hasta los últimos cinco minutos, Javier experimentó la mayor cantidad de emociones distintas durante el mismo.
Hasta que faltando cinco minutos Uruguay convierte un gol y saltaron los dos de alegría abrazándose y gritando con todas sus fuerzas.
Pía lo sorprendió con un beso en los labios y Javier supo desde ese momento que no volvería a Tokio.

Ceci Bentancur.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una sonrisa de otro mundo


Fue su sonrisa lo que lo hizo cruzar la línea.

Hasta ese momento, se habian visto un montón de veces y habían hablado unas pocas. Pero sus vidas transcurrían como las hebras que forman una trenza: daban vueltas y vueltas en torno a la del otro, pero nunca coincidían.

Para ese entonces hacía como diez años que se conocían. Tenían amigos en común, vivían cerca y una extraña serie de coincidencias los había hecho encontrarse una y otra vez. Por eso pasaron de los saludos a pequeñas charlas de las que él siempre recordaba esa sonrisa. Esa sonrisa.

La excusa para acompañarla a su casa fue insignificante. Ayudarla con unos paquetes, una mascota escapada, algo que el nunca recordaría. Sin embargo lo que seguro no pudo olvidar fue lo que vio y sintió cuando la puerta se cerró detrás suyo.

Simplemente, ella no era de este mundo.

Las cosas del otro lado de esa puerta eran diferentes, aunque no tanto como para asustar. Lo que a el le pesaba era esa abrumadora sensación de novedad, esa certeza de que en esa casa (¿en ese universo?) todo era de otra clase, de otro sistema y había sido pensado para que lo usaran y disfrutaran otros seres.

Guiado por la sonrisa y su portadora, estuvo un tiempo tras esa puerta y volvió a su mundo sin poder contarle nada a nadie. Le asustaba la responsabilidad de lo que ahora sabía y sin embargo, tenía la seguridad de que nadie le iba a creer.

Solo para confirmarselo a si mismo, llamó a esa puerta tres o cuatro veces más. Siempre le abrieron, siempre le sonrieron y, en realidad, nunca pasó mal. Pero finalmente se despidió para ya no volver.

Luego de eso, no hubo más casualidades. No la vio nunca más, pero los recuerdos de lo vivido demoraron años en desvanecerse. Como en el gato de Cheshire, lo ultimo que quedó fue la sonrisa.

martes, 31 de agosto de 2010

LA AVENTURA FINAL DEL SR. F.


El Sr. F. hacía tiempo que no soñaba. O mas bien que, como no los recordaba al despertar, no podía contar ningún sueño. Su mujer , que sí podía recordarlos, los anotaba cuidadosamente desde que comenzó a darse cuenta de que sus sueños formaban secuencias, se continuaban uno con otro, al punto que terminó por convencerse de que vivía dos veces al mismo tiempo. Una vida de vigilia en la que era sin duda la Sra. F. y otra vida, onírica, en la que se mantenía joven y completamente libre. En sus sueños, su vida amorosa era errática y apasionada y tenía que reconocer que no se parecía mucho a la vida moderada y tranquila que llevaba junto a su Sr. F.
-Y yo no aparezco en tus sueños? – solía preguntar con cierta preocupación el Sr. F.
-No. Nunca. Ahí soy otra y no estoy casada contigo. Ni siquiera te conozco.
"- Bueno...si ni siquiera me conoce...no puedo ofenderme",se quedaba pensando él.
Los hijos, ya grandes, se morían de risa con esa madre que, con total inocencia, llevaba una doble vida.
-Menos mal que mamá no se psicoanaliza. Podría espantarse – comentaba el mayor, armando jarana.
-A mí no me vengas con esas historias del inconsciente y todo eso. Nadie puede reprocharme nada.
-Pero te divertís muchísimo cada noche.....
-Si. Pero sin moverme de la cama.Mi otra vida transcurre entre los brazos de tu padre.
-A mí me parece estupendo que mamá conozca emociones fuertes y que, aunque sea en sueños, conozca otros hombres. Ha tenido una vida demasiado ordenada – opinaba la única hija, la menor de los tres.
Así pasó mucho tiempo hasta que un día el Sr. F se sentó en la cama con gran ímpetu al despertar. Miró a su mujer que dormía con una sonrisa a su lado, apenas iluminada por la suave luz primeriza de la mañana.
Por un instante, desconoció a su esposa. El cielo de su mente había sido absolutamente tomado por una cara resplandeciente. Como si un sol extraño se le hubiera metido en los ojos. Era una cara de mujer asombrosamente blanca y hermosa, con iris azules como lirios y pupilas dilatadas, tan profundas que inquietaban.
A medida que la visión se fue desvaneciendo, el Sr. F reconoció, no sin asombro que, por fin había soñado o que podía recordar algo de un sueño.
Impresionado como estaba...estuvo a punto de comentar su extraordinaria visión a su mujer y hasta a sus hijos, pero algo lo detuvo. Nunca había tenido un secreto y , de pronto, le pareció muy sabroso tener uno. Nada menos que una bellísima mujer dentro de los ojos.
Vivió ese día entre turbado y un tanto ciego.
-Estás muy distraído hoy. ¿Te pasa algo? – le preguntó varias veces su mujer.
-Nada.¿ Qué me va a pasar? –respondía él.
Se acostó nervioso preguntándose si volvería a soñar con la cara maravillosa. Y ocurrió que, no solamente volvió a soñar, sino que vió a la mujer de cuerpo entero, paseando muy serena por el cielo de su mente.Primero la divisó muy tenue, envuelta en una ropa traslúcida,evanescente y clara, tal como si fuera lo que imaginaba como ángel. Pero luego la imagen se volvió más diáfana y el vestido de la mujer se fue volviendo azul profundo. Un azul que la siguió cubriendo hasta que su misma cara se quedó también azul.
El Sr. F. volvió a despertar maravillado. Y decidió conservar su secreto un poco más. De pronto sintió que su vida se renovaba, como si renaciera o si se estuviera volviendo joven.
Al tercer sueño caminó con la mujer por un campo deconocido cubierto de flores amarillas. Creyó reconocer las flores de mostaza que llenaban la quinta de su padre cuando era niño. Pero el campo del sueño no era la quintita de su padre. Era un campo sin fin, interminable como el horizonte violeta. La mujer no habló y él tampoco. No sabía que en sueños podían percibirse los perfumes pero la mujer olía a incienso y, por un segundo, un impulso de la brisa le hizo sentir algo de su pelo azul en la mejilla. Caminaron mucho sin llegar a ninguna parte...salvo a su propio despertar, abrupto y sentándose en la cama.
Y así varias noches, caminando cada vez más tiempo y más lejos pero sin más destino que el despertar.
Sabe Dios cuanto hubiera seguido así, dichoso de soñar, desencantado al despertar y alucinado con su secreto. Pero una tarde, al mirarse en el espejo del baño para afeitarse, en lugar de su cara, vió la cara completamente azul de la mujer de sus sueños.
Entonces, comenzó a inquietarse. Si la mujer se salía del cielo de su mente...¿qué podría pasar? Y si tomara su casa, si se dejara ver por su esposa..¿.qué pasaría con su preciado secreto y, sobre todo, con su ordenada y apacible vida?

Pero la mujer, si bien escapó del cielo de su mente, no se dejó ver por nadie más que por el Sr. F. y, aún así, con muchísima delicadeza. A veces no era más que un repentino fulgor azul en la ventana, otras se deslizaba por un segundo en el pasillo dejando una ligera estela azulada.
Pero, las más de las veces, era un relámpago en los espejos. Con el paso del tiempo se fue dejando ver más y mejor, al punto que el Sr. F. navegaba y se perdía en los ojos de su aparecida. Un día sintió que se ahogaba en ellos y sintió pánico, pero ella lo devolvió a la orilla de sus iris, sano y salvo. Desde entonces él evitó sostenerle la mirada.
En tanto,la Sra. de F. seguía soñando y recordando sus sueños, como siempre. Sin embargo, algo empezó a cambiar. Los hijos, en especial la hija, advirtieron que no solamente los comentaba menos, sino que se la veía taciturna. En la cocina dejaba correr el agua con la mirada perdida o , de pronto, se quedaba con una vaina de arvejas en la mano, como congelada y ausente.
-¿Mamá, qué te pasa?
-¿Cómo? Ah...nada, hija.
-¿Y tus sueños?
-Bien. Gracias.
-¿Ya no te divierten?
La Sra. de F. se quedó mirando delante de sí. Y demoró en contestar.
-No -y sus ojos se llenaron de lágrimas.
La hija llenó un vaso con agua fresca.
-Tómalo, mamá. ¿No querrías hablarlo conmigo?

La madre se sentó y, tomando de a sorbos el agua, dijo:
-Mis sueños fueron mucho tiempo alegres y aventureros. Caminé y bailé con muchos hombres encantadores. Era como si en mi otra vida viviera otra juventud. En esta vida me casé muy joven...ahora creo que demasiado joven y a tu papá no le gustaba bailar. Ahora....todo cambió. Hace muchas noches, ya no se cuántas, que sueño el mismo sueño.
-¿Por qué ya no es divertido? ¿Bailas con alguien que no te gusta?
-Ya no hay bailes en mi sueño. Sólo hay un hombre. Creo que siempre es el mismo...aunque no puedo verle la cara. Corre todo el tiempo delante de mí. Y yo corro detrás pero no puedo alcanzarlo. Y por alguna razón siento un terrible amor por ese hombre. Y muchísimo dolor. Si, hija, siento amor por un hombre desconocido y cuyo rostro no he visto. Tal vez lo conocí en otro sueño y lo he olvidado. Pero el amor y el dolor escapan al sueño. No se extinguen cuando despierto. Todo el tiempo siento como una mordedura en el corazón y...ya no puedo mirar a tu padre a los ojos. Ahora mismo... me siento morir.
Y la Sra. de F. se echó a llorar en el regazo de su hija.


Pasó y siguió pasando el tiempo...y los tres hijos cada vez más alarmados, con un padre que hablaba cada vez menos y parecía quedar dormido frente a los espejos, y con una madre que lloraba por los rincones.
Llegó la primavera y los zorzales más que cantar parecían gritar en el jardín. La hierba, los árboles, todo salía del letargo menos el Sr. F. Y la Sra. de F. que siempre se había mantenido hermosa, parecía marchitarse día tras día. Bajo un sombrero inmenso, trabajaba en el jardín, rastrillaba, acomodaba la tierra, sembraba...o al menos lo intentaba, porque las semillas se le caían de las manos y rodaban al acaso y se quedaban donde querían ellas porque la sembradora no tenía voluntad.
A veces, pocas, ante la sorpresa de los hijos ya que la madre no se daba cuenta de nada, el Sr. F. decía cosas extrañas, quizá cosas que ni él sabía que había querido decir siempre.
-Papá está enfermo – dijo el hijo mayor.
-No. Está envejeciendo. Muy rápido – dijo el del medio.
-Ustedes no saben nada de nada. Papá tiene un secreto. Un secreto que lo está comiendo – dijo la hija.
-¿Cómo lo sabes?
-No se. Pero soy mujer. Las mujeres nos damos cuenta de esas cosas.
Un atardecer cálido, en que estaban cenando cerca de una ventana abierta sobre el jardín, el Sr. F. rechazando la sopa, preguntó de repente:
-¿Alguien me cantó alguna vez para hacerme dormir?
Los hijos se miraron sorprendidos.
-Ah...es triste que no se pueda recordar a la madre – siguió diciendo el Sr. F. - Pero estoy casi seguro de que nadie me cantó. Tampoco me contaron cuentos antes de dormir. Y cómo deseaba yo que me contaran algo ...misterioso, algo mágico antes de dormir. Las esposas tampoco cantan, ni hacen cuentos antes de dormir.
La Sra. de F. continuó con la mirada perdida sobre la sopa que se enfriaba.
El Sr. F. se levantó y se alejó de la mesa, los ojos fijos en la ventana.
-¿Qué fue lo que se movió allí? En el jardín.
-Un pájaro, me parece – dijo la hija – Pero...¿ hay pájaros azules?
-¿Un pájaro azul...? Entonces tengo que salir. No debe alejarse.
-Papá...¿quién podría detener a un pájaro?
-Por favor...traigan una red...Nada azul debe escapar de esta casa!
Y el Sr. F. salió al jardín donde bajaba la noche, y donde todo se había puesto azul, de pronto.
-Quiere dejarme. Ya no me deja ver su cara. Sólo deja rastros azules...y ahora se ha convertido en un pájaro que escapa.....
Los tres hijos se miraban consternados.
-Tal vez no era un pájaro. Algo se movió entre las ramas del ciruelo y me pareció... -dijo la hija, de repente espantada.
Pero no pudieron detenerlo cuando el Sr. F. les dio la espalda y se internó corriendo en el jardín. Su campera abierta se agitaba como una extraña señal de despedida.
-¡Papá! ¿Dónde vas?
-Nadie puede venir conmigo...Arriba, en el escritorio les dejé algunas cosas para que me recuerden....relojes, lapiceras,pañuelos, gemelos...retratos...y algunos libros de cuentos – les gritó el Sr. F. sin volverse y sin dejar de correr - No dejen de contar cuentos de hadas a los niños, ni dejen de cantar suave por las noches....Y cuando todo sea azul....no se resistan......No se resistan.....
Entonces la Sra. de F. lanzó un grito. Un grito que congeló al tiempo, un grito salido del más herido corazón y, con el pecho sangrando, corrió y corrió sin poder alcanzar al Sr. F. hasta que éste cayó desplomado sobre la hierba azul.
Ângela Cáceres

jueves, 19 de agosto de 2010

Sin parar


Ella simplemente no podía parar. Durante la mitad de su vida se llamaba Ana Luisa y era bastante autoexigente. Trabajaba mucho, se preocupaba por los demás y llegaba a la noche muy cansada.

Cuando finalmente se dormía la que despertaba era Luisana. Que era ella misma y que seguía trabajando y exigiéndose.

Luisana era el sueño de Ana Luisa. Ana Luisa era el sueño de Luisana. Y cada una, que eran la misma, cumplían el anhelo de la otra de nunca parar, de trabajar cuando ya no se puede, de descansar trabajando.

Como trabajaban tanto, dormían profundamente. Y por eso no tenían muchos recuerdos una de la otra. Sin embargo sus vidas eran absolutamente complementarias, porque ellas eran una. Cuando Ana Luisa dormía una siesta, Luisana tenía insomnio. Cuando el esposo de Luisana la despertó de improviso en medio de la noche, Ana Luisa se desmayó en el mismo instante.

Así vivieron muchos años cada una con sus familias y sus amigos y las dos con sus vidas complementarias. Sobrevivieron a sus seres queridos y empezaron a gozar de una ancianidad feliz. Los demás del mundo de cada una les envidiaban aquella sensación de parecer acompañadas aún estando tan solas.

Sin embargo, una noche, una mañana, ella no logró dormirse, no logró despertarse. Pasó un rato deambulando en una penumbra confusa y se dio cuenta que le costaba reconocerse. Se levantó pero no reconoció aquella casa. Encontró un espejo, acercó una luz y se miró.

Sonrió cuando supo que su nombre ya no importaba. Supo que era ella y que ahora empezaba algo mejor.

sábado, 14 de agosto de 2010

LOS QUE SUSURRAN EN LA NOCHE


“En el hemisferio boreal las civilizaciones ancestrales han dejado como herencia a la generaciones futuras sus mitos que al igual que las ciencias tuvieron sus mitos origen en el contacto del hombre con la naturaleza, que lo ha ido modelando. Los pueblos celtas por ejemplo, uno de los más antiguos de Europa han acuñado una mixtura, un sincretismo entre los ritos paganos y los “civilizados” derivados del Cristianismo......”. De esa manera se expresaba el conferencista una noche de invierno gélido, la última noche del mes de octubre, en el salón parroquial de una aldea de la costa irlandesa. Corrían años de hambruna y miseria, no solo material, habían transcurrido pocos años del fin de la II Guerra Mundial, el descreimiento y la desazón cundía a todos los niveles. La asistencia a la disertación eran un fiel reflejo de los tiempos que corrían, escasa compuesta por personas de edad avanzada y niños de corta edad, los de edad mediana o fueron victimas de la conflagración o habían emigrado en busca de mejores horizontes. El remate de la conferencia tenía en los tópicos tratados un enfoque clerical, pues el propósito de la misma era alejar de las mentes de los aldeanos las ideas erradas y nefastas, de que los males los atribuían a fuerzas malignas intangibles. Ya casi al terminar, el disertante: “pidió paz y prosperidad para todos los sanos de espíritu y puros de corazón.......” Simultáneamente un relámpago deslumbrante e inmediatamente un estruendo acallaron las voces en el salón, que por unos instantes quedó a oscuras, luego un silencio sepulcral, y en medio del mutismo se oyó primero levemente un siseo o murmullo que venía del exterior mezclado con el viento y una tonada ejecutada con flautas y percusión primitivas, un estallido y se incendió un seco y corpulento árbol frente al templo. Los asistentes se arrimaron a las ventanas: una escena dantesca se desplegaba en el exterior, una gran hoguera y danzando en derredor un nutrido grupo de informes figuras que se podían identificar únicamente por las sombras que proyectaban sobre la blanca superficie de la primer nevada. Las figuras eran grotescas, se contorsionaban al son de flautas de pan ejecutadas por seres mitad animal, otros eran figuras de corta estatura que realizaban inverosímiles saltos, de la hoguera se desprendían vapores amarillentos y un aroma acre. Al unísono los danzantes callaron, la crepitante hoguera se fue consumiendo y todo quedó en silencio.


Se pudo encender la luz en el salón parroquial, y los asistentes se agruparon y salieron en silencio, acompañados detrás del último marchó el conferencista, llevando un farol encendido que al acercarlo al sitio donde poco tiempo antes se desarrolló la reunión, observaron las huellas en la nieve, todas sin excepción eran de animales: pezuñas de dos dedos, garras de aves, pies deformes que podían ser de algun ser lisiado. Cada aldeano retornó a su casa, y al despuntar el alba con los primeros rayos se comenzó a derretir la nieve desapareciendo las inquietantes huellas observadas a la luz del farol.


Al retornar las tareas diurnas, cundió por la aldea desazón y temor. Varias amas de casa al preparar su desayuno con la leche recién ordeñada, ésta se cortó. La mayoría de los espejos de tocadores y baños estaban astillados, lo más alarmante fue la desaparición de media docena de bebés de sus cunas, y en su lugar se encontraron crías de alimañas del cercano bosque. Al subir la marea matutina se aprestaron las embarcaciones de los pescadores, y al ir a recoger las redes las hallaron chamuscadas, como si las hubieran quemado, mantenían su apariencia, pero al tocarlas se disgregaban en un polvo parduzco.


Todos sin excepción grandes y chicos recogieron frutas, pan recién horneado, dulces y formando una larga fila, se encaminaron a las cercanas colinas donde se hallaban antiguas ruinas de los primitivos celtas, depositando lo que portaban en un claro del bosque en que se alzaba un agrupamiento de piedras conformando una mesa y detrás un monolito con tallados grotescos. Estuvieron hasta la caída del sol encendiendo en la mesa una hoguera entonando cánticos en lengua celta. Al oscurecer comenzaron a danzar la misma música de la noche anterior tocada por los originales ejecutantes.


Al amanecer la aldea no mostró signos de actividad alguna.......hasta la actualidad.


Dublin, agosto de 2010.

lunes, 9 de agosto de 2010

Joker



La misión de los Banndiera era hacer del suyo un mundo divertido. En realidad, más que una misión, era una obsesión.
Según los Banndiera sus dioses los observaban y, si llegaban a aburrirse, podían decidir “empezar de nuevo”.
Como cuando uno se aburre del solitario y decide barajar el mazo, como cuando arrugamos el papel con un boceto no convincente y empezamos otro en la siguiente hoja del block.
Cuando los dioses de los Banndiera se aburrían, el mundo dejaba de ser como lo conocíamos. El gran cataclismo traía el fin de estos tiempos y luego un mundo virgen surgía con promesas de mejor diversión para los dioses.

Por eso la vida de los Banndiera era un sinfín de fiestas, desafíos y nuevas actividades.

Para los visitantes, eran un pueblo envidiable. Solo los que los conocían de verdad sabían que el verdadero móvil de aquel pueblo era el miedo. Un convencimiento general de que la monotonía conllevaba la destrucción.

Movidos por el miedo los Banndiera buscaron eterna y frenéticamente la diversión y la novedad. Hasta que una vez, sin nuevas ideas, se repitieron. Aquella noche durmieron para ya no despertar.
KALIBAN, O LA MUTACION DE LAS ESPECIES.-

Estas crónicas, no comienzan con “según cuentan”, “según dicen”, ni siquiera, “en un perdido valle de Europa Oriental”.

Hallamos las huellas de su pasar, algo fugaz y raudo, cuando se desempeñaba como docente de la Cátedra de Anatomía Patológica de la Universidad de Stüpfact.

Sus jornadas no tenían días ni noches; pues de su cátedra, tornaba a su laboratorio personal, instalado en su solitaria villa, sino fastuosa, por lo menos confortable, con cálidos ambientes, largas y silenciosas galerías, de cuyos muros pendían antiguos retratos de afamados pinceles.

Trabajaba en un proyecto referente a “transmutación de genes”, de mamíferos animales, a seres humanos.

Estas experimentaciones, estaban relacionadas, con la terrible mortandad producida en las haciendas, por mamíferos infectados, principalmente volátiles (“Terribilis colmilludus”).

Durante muchas veladas, sin horas de sosiego, el Dr.Kalibán se entregó de lleno, a sus investigaciones bio-patológicas. Y como no podía ser de otra forma, un día, -no, debió ser una noche, pues había luna llena-, fructificó en un “suero milagroso”, mixturado con sangre de “terribilis colmilludus”, capturados para estos efectos, y con otros efluvios animales.

Precisamente en esa noche, tuvo lugar la “mutación genética” del Dr.Kalibán. Primero sintió que un torrente gélido, penetraba en su corriente sanguínea, para luego como llamarada, estallarle en su masa encefálica. Se había consumado lo tan largamente esperado: un mutante “Humanus-terribilis-colmilludus”.

Ahora el propio Dr.Kalibán, continua con la reseña de los hechos.

“Mi organismo responde maravillosamente al ‘shock’ producido por el “suero, y la mutación felizmente continua con sus rasgos más típicos. La “nutrición he debido enriquecerla, con el aditamento, de pequeños insectos y “diversos roedores, así como de una cierta dosis de hemoglobina.

“La siguiente etapa de mi proyecto, ya casi en su concreción total, es “obtener el concurso voluntario, de algunos colaboradores y o colaboradoras, “con quienes continuar, hasta su culminación, mi ‘glorioso Proyecto’, de crear “mutantes inter genes. Personalmente he inoculado, en la corriente sanguínea “de mis víctimas, perdón, colaboradores ‘voluntarios’. Además, he logrado “establecer, una suerte de cadena, por la cual, cada nuevo voluntario, inocula “al siguiente. La primera fue una campesina, luego un guardián de un “camposanto, después una joven viuda que concurrió a ese recinto, etc., etc.

“¡¡ALARMA!!, algo que no puedo controlar, está ocurriendo, mis colaboradores, no responden a mis directivas, siguen inoculando sin ton ni “son, algún componente de sus propios genes, ha descontrolado su conducta, “transformándolos casi, en bestias insaciables. La prensa se ha hecho eco de “estos desarreglos, alarmando a la opinión pública, poniendo mi proyecto, y mi persona en trance de ser acusado, de endemoniado victimario........me “acusan de difundir una plaga de ¡¡¡VAMPIRISMO!!!

Hasta aquí llega, lo reseñado por el Dr.Kalibán. Los hechos, que se precipitaron después, entran en la órbita, de lo místico sobrenatural.

Ya que las autoridades civiles, no lograron encontrar la solución, a tal epidemia, debiendo solicitar el concurso eclesiástico. Para tal menester, se encomendó al Reverendo Karl Ithus, especialista en demonología y vampirismo, poner fin a esta herejía contra las leyes de la creación.

El Rev.Karl Ithus, armado por su fe, crucifijo mediante, amén de una fuerte estaca puntiaguda, con su correspondiente martillo, emprendió la marcha, hacia su empresa. Largo fue su camino, hasta el refugio de Kalibán.

Al arribar a su destino, no tardó en tomar contacto con el “problema”, en la forma del Dr.Kalibán y varios de sus “acólitos”.

El Rev.Karl Ithus, no para en temor y estupor, procediendo de inmediato, a conjurar a los “endemoniados”. En primer momento, estos entes diabólicos, presentaron batalla.

Pero el Reverendo, no quemó sus naves, el exorcismo que rezó, invirtió los papeles, los secuaces de Kalibán, en lugar de obedecerle, se volvieron contra él.

Pero nos preguntamos, ¿terminó todo, con la desaparición del hereje.....?


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miércoles, 30 de junio de 2010

Manual de uso




Manual de uso abreviado.
Traducción del español al inglés por el dr. Sweet Potato.


1 Nombre:
TSRC, Time-space Reality Converter v.A.2012.
Conversor de la realidad de tiempo espacio, en el manual original.
v.A.2012 indica “versión anterior a 2012”.

2 Utilidad:
Se utiliza para insertar al usuario, denominado “usante”, a otra realidad. Lo logra modificando el entorno donde éste se encuentra, el lugar y la fecha en el tiempo en donde el mismo está inmerso.
El usante debe ser quien seleccione los parámetros. Ver anexo.
Nota: En el manual original, tanto en éste abreviado como en el manual completo, un sinónimo de la frase “conversión de realidad tiempo-espacial” es el vocablo “viaje”.

3 Partes que lo componen:
3.1 Partes exteriores: Box (“Caja” en el original) que contiene:
3.1.1 El NTS “Numbers Tiny Screens”, o pantallas diminutas de números, compuesto por 6 mini pantallas donde el usante deberá introducir
1. Fecha y referencia. Aquí deberá indicar la fecha a dónde desea viajar, que puede ser positiva o negativa, en relación a un hecho de referencia (por ejemplo fecha
-15122009 y referencia A.C., antes de Cristo, o -15 millones y referencia Today –en el original “Presente”).
2. Coordenadas (Latitud y longitud).
3. Planeta, estrella o satélite al cual quiere dirigirse.
4. Duración del viaje. Indica cuánto tiempo desea estar en ese lugar. Admite las posibilidades “LW” (low value) si sólo desea un contacto instantáneo, y “HW”, (high value) si el usante desea permanecer allí. (Denominados “Instante” o “Eterno” en el manual original).
5. Radio de acción. Radio en que el usante podrá moverse y ejercer su acción o su conexión. La unidad de medida radial deberá estar en consonancia con el entorno a elegir en el próximo paso.
6. Edad aparente solicitada por el usante.


3.1.2 El “RWF”, Rotating Wheel Fixer, o fijador de ruedas girantes, compuesto de 6 ruedas girantes, cada una de las cuales se denomina WFF (Wheel of Fox Fortune). En ellas deberá setear:
1. El universo al que desea acceder. Girando las manecillas puede indicar el nombre cósmico del universo o el ser creador del mismo. En el manual completo existe el Anexo 15 con los nombres cósmicos y los nombres vulgares más comunes de los universos accesibles.
2. La galaxia seleccionada dentro de ese universo. La rueda permite seleccionarla, eligiendo combinaciones de nombres, coordenadas, colores o sonidos característicos.
3. La dimensión en donde desea ubicarse. Grados más próximos al cero, se aproximan a la dimensión física básica; más cercanos a 360º, indican la máxima, denominada TZ “Twilight Zone”.(“Dimensión cuasi verídica” en el original).
4. Señal de adaptabilidad al medio. Indica el grado en que el usante debe ser adaptable y confundible con los seres y el medio que lo circunde.
5. Puede indicar la identidad de la persona con la cual desea contactarse, que para el aparato se denomina “Ego”. Admite el valor “U” (unificado) si no desea contactarse con un ego en particular. Lo indica utilizando la rueda astrológica del Ego deseado o “UAW”, Unified Astrological Wheel, la rueda astrológica unificada.
6. Rueda de la señal de visibilidad: para indicar si el usante desea ser visible para los que encuentre allí, invisible, o sólo visible para el Ego elegido.


3.2. Partes interiores. Utilización de las mismas:
Luego de definidos todos los parámetros solicitados, se podrá abrir la caja.
Nos encontramos con el forro de terciopelo negro y violeta. En el interior se encuentra el dispositivo levitador, y en su centro, el GE, goldeen egg o huevo dorado.
El usante deberá ubicar sus manos a en un entorno de 30 a 2 milímetros sobre el mismo, y si las condiciones han sido bien definidas, el GE se posicionará levitando y emitiendo una tenue luz azul.
Aquí el usante deberá hacer contacto con el GE y concentrar sobre el mismo el propósito que lo lleva a efectuar el viaje. También, el motivo por el cual eligió a un Ego en particular, si hubiera sido así.
El GE efectúa entonces la validación del viaje. El permiso sobre el mismo se indicará con el denominado “resultado gámico”, el cual está indicado mediante la gama de colores y sonidos que emita el GE. Como ejemplo, algunas instancias de esta gama pueden ser:
Luminosidad pura 1, que indica viaje con auspicio unificado de inteligencias astrales;
Arco Iris 1, que indica propósito de elevación espiritual del usante;
Luz negra 1, auspicio por indicar propósito de descubrimiento y conocimiento.
Opacidad total, que indica que el viaje no ha sido permitido y el usante no podrá utilizar el dispositivo por un tiempo acorde al nivel de opacidad.

Nota: No se han traducido las instancias de los diferentes ejemplos de gamas, debido a que el mismo no es exhaustivo, y además, por no haber encontrado el autor, un sinónimo en inglés de las gamas de luminosidad pura.

Anexo:
Para casos especiales en que el viaje se efectúa con fines correctivos al usante, algunos parámetros deberán ser combinados previamente con el funcionario agente astral validante, y otro funcionario agente astral operante deberá unir sus manos con el usante al operar el GE, a efectos de validar el viaje. En estos casos, la duración del viaje estará acotada, no permitiéndose el valor HW o Eterno. Además sólo estarán permitidos los resultados gámicos de validación del viaje, en el entorno Arco Iris 1 a 10 (propósitos de elevación espiritual).




Zerepaltime

lunes, 28 de junio de 2010

Hola gente, humanos, extrahumanos y otros géneros!
Gracias por invitarme.

A propósito, saben el cuento de la señora que se encuentra con una amiga:
A - Hola como estás, E..
E - Mal, horrible, viste que sigo viendo cosas, oyendo cosas...Ahora empecé con un nuevo siquiatra...
A - Bueno, arriba que ésta vez te va a ir bien...
---
Se encuentran al año y....
A - Hola, E! Te veo bárbara! ¿Qué tal tu tratamiento?
E - Genial! ¡Espectacular el tipo!
A - ¡Qué estupendo! ¿Ya no ves ni oís tus cosas raras?
E - ¡Claro que sí! Pero ahora lo disfruto...escribo Literatura Fantástica!

sábado, 19 de junio de 2010

Piel ajena

Desnuda, se sentó sobre la alfombra mullida, asumiendo la posición de loto: las piernas cruzadas, las manos descansando sobre las rodillas. Cerró los ojos. La imagen de una pelirroja alta con la que se había cruzado en su camino a casa se dibujó claramente en su mente y se concentró en ella. Despacio, todos los sonidos externos se desvanecieron y solo pudo escuchar su propia respiración, pausada, casi letárgica.

Con solo pensarlo, sus genes se reacomodaron, como los colores de un cubo Rubik en las manos de un niño habilidoso, cambiando carne y hueso a su antojo. Casi sin esfuerzo, su piel se aclaró y sus miembros se extendieron y se moldearon con músculo; su rostro se transformó también, reflejando las facciones de la otra mujer, y su cabello oscuro y largo se disolvió en un casquete de encendido color rojo.

Cuando finalmente se levantó y fue a revisar su nueva apariencia en el espejo, una cara desconocida la esperaba. Su cabello ya no era negro, su piel, ahora blanca y pecosa, estaba perlada de transpiración por el cambio; su nariz era más larga, su boca más fina… y había crecido hasta superar ampliamente su usual estatura. Lo único reconocible en su rostro eran sus ojos: el mismo marrón aterciopelado de siempre la miraba desde el espejo, no el azul celeste del que los había pintado en su mente.

“Desprolijo, muy desprolijo,” se dijo, molesta; preguntándose por qué le resultaba tan difícil cambiar sus ojos, cuando traicionaban su naturaleza tan fácilmente a la hora menos deseada.

Media hora después, una pelirroja alta salió del apartamento y se dirigió a la calle. Con paso ágil, comenzó a recorrer la docena de cuadras que la separaban de su destino, incapaz de borrar la sonrisa de su rostro. A ella siempre le había gustado caminar en piel ajena; en esos momentos casi podía creer que era alguien más, alguien humano.





viernes, 28 de mayo de 2010

LA PIEL DEL LOBO.


Al igual que los árboles, los floridos jardines, los verdes pastos frescos, los médanos casi a flor de agua en las zonas poco profundas de la playa amarilla, punto de encuentro de los veraniegos días de calor, aquella terrorífica crónica formaba parte del folklore popular.
Los más viejos del pueblo, aquellos que andaban con la espalda encorvada y peinaban canas, alguna vez que otra en noches de guitarreada y canto amenizaban la tertulia con aquellas historias que según ellos, eran reales.
Y los que atestiguaban aquellos relatos verdaderamente lo creían, porque quienes los narraban los cargaban de fuerza y vigor.
Aquellas andanzas aunque rozaran el asombro o sembraran mantos de incredulidad se volvían reales, a la luz del calor de las brazas, cuando las gargantas de los cantores estaban ya cansadas y la pausa obligaba.
La leyenda había crecido arraigada en las cuerdas de las guitarras, en él boca a boca, había sido legado a las generaciones nuevas y la misma gente la había mantenido tangible. De todos las exposiciones fantásticas que encumbraban los relatos de los paisanos, era sin duda la existencia del lobizón la más relevante, cargada de misticismo y por sobre todas por un gran realismo.
Antonio Giménez había nacido y crecido en Villa Lobos, aquella ciudad costera del interior.
Precisamente había heredado su nombre de ésta popular creencia, lo que en otras partes del mundo se definía como el “hombre lobo”.
Era una persona muy respetuosa de las creencias pueblerinas y le cabría el rótulo de cristiano, al menos a la hora de ir a misa los domingos.
Lo cierto es que no contaba con la virtud de la fe para las cuestiones religiosas, aún así quería asegurarse un lugar en el paraíso a la hora del adiós.
Cuando en un pueblo se comienzan a tejer suspicacias en torno a una persona, se empieza a temer, a ver al individuo con otros ojos, podría decirse que pasa a ser culpable sin siquiera haber tenido un juicio.
Esto aconteció con Miguel, un nuevo carpintero que había llegado al pueblo, pisando los cuarenta años, vivía solo, era ermitaño, casi nunca se lo veía andar la calle.
Este raro comportamiento llamaba mucho la atención.
¿Porqué este hombre vivía solo y alejado del mundo sin familia?
Los más atrevidos indagadores locales, aquellos que investigaban hasta el grupo sanguíneo de los recién llegados, lograron recabar información respecto al nuevo y extraño personaje.
Miguel había sido expulsado de su pueblo de origen, entre otras cosas por ser el mayor de siete hermanos, hecho este que disipaba cualquier tipo de duda, claro que nadie corroboró la veracidad de estas noticias.
Si ayudaba a alimentar el morbo y a sostener aún más lo que se imaginaba los comentarios eran fidedignos, poco importaban las fuentes.
Sin derecho a la auto defensa el carpintero estaba ya bajo la lupa del pueblo, lo evitaban, nadie se le acercaba y en las noches de cantina con la garganta regada por alguna bebida blanca los contertulios refiriéndose a él, dejaban escapar aquella palabra maldita: “ lobizón”.
Entonces la espeluznante leyenda volvía a la vida.
De inmediato se acercaban hasta el baúl de los recuerdos para extraer de él todo lo relacionado a la maldición.
El séptimo hijo varón, cuando vea la luna llena, se convertirá en lobizón, bestia descomunal, similar a un lobo de tamañas similitudes.
Ser sediento de sangre, enviado del mismísimo infierno, que no hallará la paz solo hasta que una bala de plata se aloje en su corazón.
El antiguo relato contaba además que aquel que fuera capaz de liberar el espíritu apresado en el cuerpo del hombre maldito, entraría en el cielo sin necesidad de pasar por el purgatorio.
El solo hecho de librar al mundo de esta amenaza lo ponía en lugar privilegiado a los ojos del altísimo.
Una de esas noches en que el alcohol de adueña de la atmósfera, el tema de encuentro de los vecinos era la nueva amenaza que se cernía sobre Villa Lobos.
Don Antonio Gutiérrez era sin duda en el pueblo el más indicado para levantar el estandarte de la lucha y ante el asombro de todos los presentes se comprometió a acabar con aquella amenaza.
Así fue entonces que la primera noche de luna llena decidió dar cumplimiento a su juramento.
Dio ordenes estrictas a su esposa que no abriera la puerta bajo ningún concepto, tomó su escopeta y sabiendo que aquella empresa podía costarle la vida salió rumbo a la casa del hombre, quería ser el primero en ver manifestarse al enviado del diablo y mandarlo de regreso al abismo.
Arma en mano, se apostó a unos cuantos metros de la casa, estaba solo, nadie se animó a seguir su paso, todos mantenían oración por el valiente Antonio.
Desde allí la vista era precaria, no podía acercarse más o estaría muy expuesto.
Una luz mortecina se desprendía del interior de la vivienda, desde lejos logró ver al hombre en su interior, pareció caer al suelo, cautivo por un desmayo.
Lo había perdido de vista, al instante pudo advertir algo peludo y descomunalmente grande incorporarse. Jamás había visto un animal tan grande.
No era producto de la exageración lo que se comentaba.
Su corazón pareció detenerse ante aquella horrible visión, sabía que la historia era real, ahora solo debía cumplir su misión.
Desde su ubicación perdió de vista la fiera, se acercó, lentamente y tembloroso... Ya no estaba, la enorme bestia había salido por atrás y se dispuso a buscarlo en la inmensidad de la noche...
Luego de varias horas, concluyó que el lobizón se había escapado... Pero no la próxima vez... Pensó.
Durante varias lunas Antonio siguió el rastro del lobo sin poder darle alcance.
Parecía que la endemoniada fiera cobraba inteligencia para eludir la persecución.
Todos los artilugios conocidos eran puestos en práctica por el improvisado cazador, ajos, agua bendita, grandes tramperos, pero no había éxito.
Así pasaron algunas lunas sin que el cazador intentara nada, hasta que una noche decidió volver al ruedo.
Esta vez decidido a terminar con el lobizón...
La luna era alta, a metros de la casa, logró ver la conversión desde fuera, como tantas veces antes, esta vez se acercó más...
El lobo se había escabullido de nuevo, enlutado por el manto nocturno.
El cazador rompió en furia y decidido avanzó hacia la vivienda tumbando la puerta con un furibundo punta pie.
Al abrirse la hoja de pesada madera... Mayúsculo fue su asombro al ver entre las sombras y tomar con sus manos una piel oscura y atiborrada de pelos.
En aquellas noches de luna llena, aquel lobo que no era tal, se convertía en bestia salvaje dando violentas envestidas a la esposa de Antonio que se extasiaba de placer aplacando los intensos calores del deseo, mientras escondían historias de amantes, ocultándolas entre las páginas cargadas de mítica que alimentaba la creencia popular.

Pablo Fagúndez.

lunes, 24 de mayo de 2010

Noche oscura

“It was a dark and stormy night”.

Edward Bulwer-Lytton


Era una noche oscura y tormentosa. Tempestuosa, diría. Sola en mi cuarto escucho caer las gotas; cada gota hace un sonido único, y no sé por qué siento agudizado mi oído. Cada ruido se vuelve perceptible; todo cobra mayor dimensión. Hace rato que estoy aquí. La soledad es muy necesaria. Tengo la portátil frente a mí parpadeando como un animal hipnótico. Pero no la veo. Solo percibo, cada vez más claramente, los rumores de la noche y no encuentro sosiego.

De pronto, advierto que entre todos los sonidos uno cobra mayor relevancia. Me levanto con mucho cuidado; pero si estoy sola, ¿para qué tanto sigilo? De todos modos, avanzo a tientas en la penumbra. Ahora estoy segura de que hay alguien detrás de la puerta. Siento claramente la respiración, ¿será un animal? Quizá la gata del vecino haya entrado asustada por la tormenta. Abro la puerta, escucho el viento que golpea contra las ventanas. Noto que entra una brisa. Seguramente venga de la cocina. ¿Habré dejado abierta alguna ventana? Piso algo blanduzco, como una serpiente perdida en la niebla, y enseguida escucho un alarido que me descoloca. En efecto, era la gata que había entrado, supongo que por la ventana que olvidé cerrar por un descuido, en la tarde. Pobre animal. Me mira atemorizada, posa sus grandes ojos en mí.

-No te preocupes. Está todo bien- le digo, mientras la tomo en brazos y la acurruco contra mi pecho.

Voy a la cocina, y finalmente cierro la ventana. Necesito un té o algo tibio para tomar. Pongo agua a hervir y espero. La gata se ve que también tenía sed, porque estaba buscando un tarrito del que beber. Le doy un platito con agua mientras la caldera empieza a silbar. Me hago una infusión de manzanilla, a ver si logro dormirme antes de las tres de la mañana.

De regreso a mi cuarto, camino con cuidado de no tropezarme; no encendí las luces, y una vez dentro compruebo que la gata ya no está. La había olvidado por completo. ¿Se habrá quedado en la cocina? Quizá esté asustada, debajo de un sillón.

Dejo la puerta entornada, por si vuelve.

De nuevo frente a la portátil, ahora con la pantalla inmóvil y quieta, me pregunto si podré hacer algo para dormirme. Lo encuentro muy difícil últimamente, toda una faena. En cuanto apoyo la cabeza sobre la almohada, en vez de sentir que me aquieto y que todo se serena, por el contrario, me viene una avalancha de imágenes y pensamientos que es imposible dominar. En pocos minutos me siento saturada de visiones inquietantes, y decido que prefiero estar sentada frente a la computadora, antes que dejarme invadir por tantas imágenes en donde se supone que debo reposar.

Y así paso noches enteras, yendo de la cama a la pantalla, y de la pantalla a la cama. Pero hoy algo ha cambiado. Lo siento en el aire, lo percibo, pero no lo puedo definir, por ahora, con claridad. Es una noche oscura realmente, alguien dijo alguna vez, la noche oscura del alma, pero no recuerdo quién; olvidé decir que sufro de baches amnésicos que me invaden como alienígenas, y que también es parte de mi sufrimiento actual.

Cuando hace un rato sentí la presencia, diría quizá sin exagerar, ominosa de la gata, mis oídos percibían los sonidos con mayor agudeza de la habitual. Y ahora, me daba cuenta, que mis ojos también captaban los colores, a pesar de la penumbra, y formas con mayor intensidad. Sentía el mundo de un modo mucho más intenso, definido, como si las cosas hubiesen adquirido su verdadera dimensión, como si fueran realmente por primera vez. El mundo había nacido ante mis ojos, y sin embargo, las sombras se alargaban, el viento soplaba con furia, la noche era oscura como el temor, y yo no lograba quitarme este estado de vigilia que parecía perpetuo y sin remisión, como una enfermedad incurable. Todos dirán que es el precio que debo pagar por ser escritora, pasarme las noches en vela, esperando pescar la inspiración con mis redes. Ahora, ello no explica mi estado alterado de la conciencia, ¿o sí? Tanta duda, tanta incertidumbre, me está realmente haciendo mella.

Toco una tecla y la portátil vuelve a la vida. No me puedo sacar de encima, nuevamente, el extraño sentimiento de no estar sola en la habitación, de que alguien o algo me observa cuidadosamente, sin perder el más mínimo detalle. Me viene un temblor. No puedo dejar de temblar. Maldición, ¿será la gata de nuevo?

Me levanto con cautela. Maldita paranoia. Maldita noche oscura. Me dirijo hacia la puerta, siento que el piso es blando, que se hunden mis pies. ¿Qué estará sucediéndome? ¿Dónde estará la gata? Abro la puerta de par en par. Ojalá tuviera una linterna. Pero veo que no la necesito; de hecho, mis ojos se ajustan perfectamente a la oscuridad. Siento que mis músculos se alargan, que puedo dar mis pasos con gran exactitud. El piso, curiosamente, se siente de maravilla, como hule. En cualquier momento me parece que podré saltar, despegarme del suelo como un ave en trance. Avanzo por la oscuridad, me agacho y empiezo a buscar a la gata. Me encuentro mucho más cómoda así, gateando por la habitación, y voy en cuatro patas, husmeando. Porque no lo dije, pero hasta mi olfato se había desarrollado de un modo magnífico, tanto como mi vista y oídos. Era una sensación estupenda, superaba cualquiera de mis borracheras, se los puedo asegurar. Y seguí así por unos minutos más, ensimismada, hundiéndome en el piso que al mismo tiempo me sostenía como nunca. ¡Nada, ni rastro de la gata, demonios, y yo aquí, haciendo el ridículo, claro, en mitad de la noche, gateando por la sala! Me apeo y decido que no puedo seguir así, que es el colmo de la locura, de la desfachatez, que qué dirán mis vecinos si me ven a oscuras y a gatas por la casa.

En ese instante es cuando escucho un maullido, alto, estridente, que parece que sale de mi propia garganta y me hace saltar sobre el sofá. Ahora sí, que se me puso la piel de gallina, que me siento hecha un demonio, y quiero gritar toda la noche como los lobos. Esto se está pasando de verde oscuro. Tengo que ir al médico mañana mismo, y pedirle esos somníferos que un tiempo atrás me recetara. Ya sé que no conviene tomar narcóticos porque crean adicción, pero esto es intolerable. La situación se ha ido de control.

Me levanto con cuidado, y veo una sombra enorme, curva, que me atemoriza. Necesito un bate de baseball, nunca se sabe quién anda suelto en la noche estos días, sobre todo, en noches de tormenta.

Pero ¿qué es lo que estoy viendo? ¿Qué le ha pasado a la gata? Tengo mucho miedo, me siento erizada de la cabeza a los pies. Mis ojos no me engañan. La gata ha sufrido una transformación, claro, es noche de luna llena, pero no sabía que la luna ejerciera su poder sobre los felinos, terrestres y mundanos. Pobre gata. Realmente, parece otro animal. Y con tanto trueno, quizá sea la tortuosa combinación de una noche oscura y tormentosa con la luna llena, debo buscarlo en Internet cuando vuelva a mi cuarto. De todos modos, no puedo dejar a la gata sola, aunque se haya transformado en un animal extraño, un bicho lunar y tempestuoso, tan oscuro como la noche.

Quizá esté asustada la pobre. Pero cuando avanzo hacia al ventanal noto algo extraño. Sobre todo la sensación en mis manos ha cambiado. Siento un tirón en la espalda y de nuevo, me sale un grito espeluznante de la garganta, y pego un salto, y esta vez caigo contra el ventanal que se parte en pedazos, y sin embargo, no siento ninguna clase de dolor, todo lo contrario, me siento eufórica, invencible, poderosa. Veo que no estoy lastimada, que no sangro como hubiera esperado. Pero ya estoy afuera y me siento, extrañamente liberada, con la mente serena, sin más oprobios. Puedo respirar. Por fin. Camino con lentitud. Lo que sí siento es una terrible sequedad de garganta. Pero puedo ver muy bien en la oscuridad, claro, la luna llena me hace todo más sencillo, y sé que en cualquier instante veré a la dulce gatita.

29-30 de abril, 2010, Munich.