domingo, 18 de abril de 2010

SE ENCONTRABA A TREINTA Y DOS METROS DE ALTURA



El reloj de pared marcaba la hora veinte. Se levantó a preparar un café y uno de los lápices sobre el escritorio, rodó por los estantes, hasta perderse entre los cables de su computadora.
-¡El suicidio del lápiz azul! –dijo en voz alta. Desde ese momento comenzó a soñar con suicidas. El Psicólogo le sugirió que tratara de no asociar ideas con objetos. Un día a fines del mes de Octubre, estaba dando una conferencia de las lenguas primitivas europeas y su influencia en distintas regiones, cuando irrumpieron chicos disfrazados de monstruos. El griterío se perdió en el patio y apareció de pronto un Freddy Kruger con sus garras y su macabra sonrisa. Se dirigió al chico y le dijo.
-Freddy, acá estamos dando una conferencia. No contestó, se limitó a eructar groseramente. -Continuaremos con nuestro tema a pesar de Freddy. –y agregó- intentaremos pensar que estamos en el infierno de Dante. Inmediatamente el lugar se tornó oscuro, Freddy se incorporó de un salto, le desgarró la piel y la arrastró hacia las profundidades

Mónica Marchesky

No hay comentarios:

Publicar un comentario