lunes, 9 de agosto de 2010

Joker



La misión de los Banndiera era hacer del suyo un mundo divertido. En realidad, más que una misión, era una obsesión.
Según los Banndiera sus dioses los observaban y, si llegaban a aburrirse, podían decidir “empezar de nuevo”.
Como cuando uno se aburre del solitario y decide barajar el mazo, como cuando arrugamos el papel con un boceto no convincente y empezamos otro en la siguiente hoja del block.
Cuando los dioses de los Banndiera se aburrían, el mundo dejaba de ser como lo conocíamos. El gran cataclismo traía el fin de estos tiempos y luego un mundo virgen surgía con promesas de mejor diversión para los dioses.

Por eso la vida de los Banndiera era un sinfín de fiestas, desafíos y nuevas actividades.

Para los visitantes, eran un pueblo envidiable. Solo los que los conocían de verdad sabían que el verdadero móvil de aquel pueblo era el miedo. Un convencimiento general de que la monotonía conllevaba la destrucción.

Movidos por el miedo los Banndiera buscaron eterna y frenéticamente la diversión y la novedad. Hasta que una vez, sin nuevas ideas, se repitieron. Aquella noche durmieron para ya no despertar.

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