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martes, 13 de abril de 2010


MONARCAS

Cuando divisó la primera mariposa monarca supo que estaban cerca. Debía realizar el informe al centro de investigación; ubicado en las montañas de México central.
Anotó: hora 6 a.m. Danaus plexippus.
Había comenzado la visita de estos pequeños lepidópteros que año tras año recorrían miles de kilómetros para aparearse y reproducirse.
Como entomólogo siempre lo había asombrado la metamorfosis total que sufren estos insectos, primero los huevos, luego las hambrientas orugas que se sirven de todo alimento, desde plantas, hasta insectos más grandes, desarrollando así su metabolismo dirigido a la crisálida y finalmente la mariposa adulta...
Arrastró su cuerpo y pertenencias hacia un cubículo de observación al abrigo del frío y se dispuso a esperar. Tenía todo, cámara fotográfica y chocolate para amortiguar los efectos del invierno que este año se presentaba más frío que de costumbre. Los árboles y arbustos no estaban en las condiciones óptimas que necesitan estos insectos para reproducirse. Estudiaría el comportamiento de la colonia en un ambiente desacostumbrado hasta ahora.
De pronto empezaron a divisarse mariposas oscuras africanas, esto era algo nuevo, no había registros al respecto.
Anotó: hora 8 a.m. Princeps Nireus.
Estas mariposas utilizan la luz para comunicarse; y era lo que estaban haciendo. Volaban en pequeños tramos y se detenían a absorber la luz ultravioleta que luego remitían en luz fluorescente azul-verdosa, atendiendo a una clave. Se fueron acercando cada vez más al cubículo de observación, mientras sus alas transmitían incesantemente.
En un instante la nube naranja y negra ocultó el cielo y un sonido único lo ensordeció. Las monarcas lo tomaron por sorpresa, inundando el cubículo de observación, atropellándose entre ellas, apareándose y antes de que pudiera arrastrarse hacia el exterior, lo inmovilizaron con arneses de seda y en cada agujero de su cuerpo depositaron los huevos hasta ahogarlo.

Mónica Marchesky

AZULÍMIDES

Esa especie de robot de última generación poseía grandes ojos inexpresivos, orejas en forma de espiral, boca grande arqueada hacia arriba y una nariz muy peculiar que consistía en un círculo recubierto por un delgadísimo tejido. En esa cabeza lo más importante era la nariz. El tejido la protegía de todo agente externo; polvo galáctico, pelo de algún animal en vías de extinción, enfermedades heredadas de antepasados de otras galaxias, etc. La original nariz era en sí misma, un sofisticado equipo de transmisión, un radar que detectaba cada movimiento que se registrara en el planeta a varios kilocentres de distancia. Cuando captaba alguna emisión fuera de lo habitual, trataba de interceptar lo que fuera en forma inmediata; a menos que estuviera dentro del territorio de alguno de sus iguales. En ese caso, esperaba que el otro lo localizara y diera cuenta, por esa especie de nasotransmisor a sus compañeros de lo que sucedía. En ese planeta tranquilo, donde todo parecía fluir sin mayores oscilaciones, sólo podría tratarse de: ratanoides perennes o restos calcinados de antiguas naves de escasa tecnología, que hacía siglos venían estrellándose caprichosamente y a veces atravesando la impecable superficie de Azulímides.
Los especimenes que las conducían parecían estar dotados de una rara inteligencia, según contaban los antepasados que habían logrado verlos y algún robot de los altos mandos que aún conservaba algunos de estos extraños ejemplares. Mientras hacían la guardia acostumbrada en la pirámide mayor, los compañeros más jóvenes preguntaron a Robótido cómo eran los seres que manejaban esas naves y si sabía cuántos sobrevivientes quedaban. Robótido contestó:
-Estos seres tienen cuatro extremidades que manejan en forma no muy


coordinada, un torso con relieves, en algunos casos, muy notorios y una cabeza. En la cabeza de los pocos que quedan, aún se pueden ver: ojos alargados con una especie de diminuto tul negro en sus bordes, algo mayor en la parte superior de la abertura; se lograron detectar varios modelos de nariz. Sobresalen del resto de la cabeza y en lugar de un orificio, tienen dos, que de poco le sirven ya que, por allí no pueden comunicarse y lo que es peor, de esos orificios a menudo sale un líquido gelatinoso entre amarillo y verde muy desagradable. En la boca, poseen unas extrañas piedras blancas, especie de cuchillas, con las que pueden deglutir otros seres inferiores vivos o no o lo que encuentren, incluida la chatarra. Los primeros que capturamos también la usaban para emitir sonidos ininteligibles a distintos volúmenes que resultaban sumamente irritantes para nuestro medio ambiente. Al parecer intentaban comunicarse por una especie de celudófono con lo que sería su nave nodriza o el horrendo lugar de donde provenían. Todo lo investigaban, es decir, lo miraban, ampliando la dimensión de sus ojos, porque como ya les dije, su tecnología era pobrísima. Sus descendientes ya no tienen ese reflejo, no intentan comunicarse y si lo hicieran sería un intento absolutamente inútil.
En el año 2520, según los registros de Azulímides, se produjo un gran desastre ecológico. El planeta llamado Tierra comenzó a hincharse al combinarse grandes cantidades de basura radioactiva con desechos humanoides sumamente tóxicos y el planeta literalmente se pulverizó en medio de la galaxia provocando daños contra terceros planetas que nunca se pudieron cobrar.
-Aún se pueden encontrar en las pirámides esterilizadas de algún alto mando –prosiguió Robótido- muestras de estos especimenes, utilizados para impresionar a los invitados o entretener a sus hijos. Fueron acondicionados a una temperatura especial dentro de unos cubículos transparentes que los mantienen con vida, sin alterar nuestro planeta. Mediante extrañas formas, lograron reproducirse, sufriendo algunas

alteraciones. La que parece ser por su inexplicable comportamiento, la hembra de la
especie, cada tanto ensancha su cuerpo hasta parecer una bola. Al tiempo, dando estremecedores gruñidos de dolor (que hacen vibrar el dispositivo de nuestra cajita de emociones) logra sacar de entre sus miembros inferiores un nuevo trozo de carne con similares características que sus antecesores. Cuando la pequeña cosa llora, la hembra comienza a reír compulsivamente ante los ojos cada vez más oblicuos de su compañero.
De verdad, les digo - agregó antes de retirarse - si no los hubiera visto un día que estaba de guardia en la pirámide del general, no lo creería... Esos seres tienen un formato tan peculiar que de alguna manera podría decirse que se asemejan a nuestros antepasados más remotos.
Sus compañeros se miraron y de sus nasotransmisores salió un gran signo de interrogación: ¿sería cierto todo lo que habían escuchado? Dosmiluno propuso:
-Vayamos a la pirámide del general para comprobarlo.
Dosmiltres dijo:
-Habría que considerar los riesgos. ¿Y si nos atrapan?...
Tresmilsiete gritó:
-Vamos ahora, sé como ingresar sin ser vistos.
Salieron los tres rumbo a la pirámide del general, con mucho cuidado lograron entrar sin ser vistos y al llegar al cubículo donde se encontraban los seres extrazulímidos, sus cajitas de emociones vibraron con tal fuerza que las alarmas comenzaron a sonar dando fin a la aventura apenas había comenzado. Desde entonces los modelos Dosmiluno, Dosmiltres y Tresmilsiete, fueron discontinuados y no aparecieron más en los catálogos de Azulímides.