miércoles, 20 de octubre de 2010

HONDO DESTINO

Hacía varios días que estaba arreglando el jardin, era un extenso terreno, en parte algo yermo, con poca vegetación rala y mustia, pero hacia el límite con la pared medianera se extendía una maraña de enredaderas mezcla de hiedra que trepaba por la pared, grateus y unas guías espinosas, también se adivinaban ocultos restos de escombros e informes masas de pedruscos. Las enredaderas de a poco las fui desentrañando a golpe de azadas, rastrillos, inclusive a golpes de pico. Armé una pila con las enredaderas esperando que se secaran para darles fuego. Con pico y pala fui sacando los escombros, viejos despojos de una construcción anterior a mi época, los restos estaban cubiertos por una espesa capa de musgos, había restos de ladrillos de gran tamaño ligados por una mezcla compuesta de tierra negra y rojiza, creo que la llamaban “tierra romana”. Al desembarazar de vegetación el espacio lindero, junto a un rincón encontré una losa rectangular que ¿quién sabe que tapaba u ocultaba?. Como era domingo y ya atardecía decidí abandonar la faena, y la dichosa losa. Pasé la semana enfrascado en las tareas de mi profesión: corrector en una pequeña editorial especializada en ediciones de bajo tiraje, y ediciones colectivas.

Al retomar las tareas en el terreno con curiosidad e intriga ví que la losa estaba algo desplazada del sitio y algo levantada, pero que no permitía adivinar que ocultaba. Intenté hacer palanca con una barreta, inútil esfuerzo, no se movió ni un centímetro. A la noche habiendo conciliado el sueño, visualizo el rincón de la medianera con la imagen de la losa que vibraba, se levantaba y escapaba una luminiscencia verde amarillenta acompañada de un murmullo atenuado, seguido de un gruñido entrecortado, a continuación salía del hueco una excrecencia con consistencia espesa. Me desperté ahogado y bañado en un sudor frío y con una aguda puntada en la zona coxal. Me refresqué en el baño, me volví a acostar y no logré conciliar el sueño. Cercano al amanecer me levanté y abrí la ventana, instintivamente dirigí mi mirada hacia el inquietante rincón, la losa estaba partida y una masa espesa como un charco de alquitrán burbujeante manaba de la abertura. Tembloroso me vestí y salí al terreno, con cautela y no exento de temor, me acerqué al fatídico rincón, con una rama toqué la oscura mancha que en contacto, esta ardió, estremeciéndome me retiré.....pero algo hipnótico e intangible me atrajo. Los trozos de la losa se apartaron, me paré a un par de pasos, nuevamente la tracción me llevó al borde mismo del hueco, una luminosidad reflectante me llevó a asomarme, y la superficie líquida me devolvió mi imagen, repentinamente salió un ¿brazo humano? Y me asió del cuello arrastrándome a las profundidades......

El tiempo transcurre inexorable, una década después, en el terreno se comenzó a erigir una construcción y en un rincón del terreno se halló un pozo que al desagotarlo hallaron dos esqueletos humanos unidos por las vértebras coxales......!!??

HYERONIMUS KALIBAN

AULLANTE PLENILUNIO

Es noche cerrada. En el nosocomio hay un silencio pesado. Al recorrer los pasillos, el celador nocturno se asoma furtivamente a las puertas entornadas de las habitaciones alineadas a ambos lados, al final del pasillo hay un gran ventanal por el que penetra la claridad que proyecta una clara y límpida luna llena, se detiene a contemplarla, se agacha y recoge algo caído en el piso haciendo tintinear el abultado llavero que porta enganchado a su cinturón. Al dar vuelta un recodo del pasillo llega a sus oídos un sordo gruñido y luego un aullido. Se acerca a la puerta de donde parten tales sonidos, en la parte superior tiene una mirilla por la que atisba lo que en apariencia parecería un animal agazapado en un rincón, que al incorporarse y aferrarse a los barrotes de la ventana tiene toda la apariencia de un ser humano, que profiere lastimeros gruñidos alternándolos con prolongados aullidos hacia la claridad lunar. Terminada su ronda retorna a la sala de guardia que comparte por igual con enfermeros y facultativos.

-?Qué tal la ronda don Eusebio, todo tranquilo.....?

-Si como siempre, solo el paciente aullador, que al haber luna llena anda alterado..... ?Es verdad Dr. que es el séptimo hijo varón de la familia Mendietta, el que tiene el puesto por el el bajo de la Torcaza...?

Uno de los integrantes de la guardia, un corpulento y canoso individuo, ataviado con una túnica blanca y con un estetoscopio colgando de su cuello, se pone de pie y abriendo un cajón de un archivador extrajo una carpeta que apoyó sobre una mesa abriéndolo.

-”La historia clínica de nuestro “ululante” paciente es digna de destacar por su patético recorrido desde la más tierna niñéz. Su primera infancia transcurrió en un establecimiento rural siendo tratado como un animal más, se lo encerraba en un corral junto con diversos animales domésticos con quienes debía disputar su diaria alimentación. Cuando tenía cierta libertad era llevado con collar y correa a realizar largos recorridos junto a perros con quienes adquirió los hábitos que aún hoy conserva. Desarrolló un fino sentido de la observación y un olfato infalible. Un buen día se sacudió el yugo, logrando evadirse de su servicio-cautiverio. Siendo encontrado deambulando por agentes de la ley en una agreste zona serrana, siendo alojado y alimentado por los miembros del destacamento policial, quienes además notificaron su hallazgo a autoridades civiles en el área sanitaria. El primer contacto no fue para nada pasivo ni pacífico, dió batalla, pero acercándole alimento y agua se lo pudo atraer. Al principio fue dificil la comunicación oral, pero por lenguaje gestual se logró establecer una relación de mayor confianza, y establecer su lugar de procedencia. Las autoridades al allanar el establecimiento rural pudieron comprobar las condiciones de hacinamiento y los motivos de tal tratamiento del “homo canis vulgaris”. Para nuestra clínica es todo un desafío poder llegar a un satisfactorio final en lo referente a una recuperación y lo más crítico y delicado una inserción social, pues el tiempo transcurrido, es uno de los escollos más difíciles a superar. Aún en su alojamiento adopta posturas animales, se alimenta sin usar los miembros superiores, comiendo del plato acuclillado y bebiendo líquidos de igual forma, su contacto con el resto de los internos es de pasividad e inclusive prescindente. Todo un desafío para la ciencia etológica, la que refiere los actos y conductas de los seres vivos”.

Al culminar su disertación el Dr. Calegar, sus facciones se alteraron, los ojos adquirieron un brillo siniestro, su canosa cabellera parecía la melena de un felino desaforado. Y arrancó nuevamente a voz en cuello a exclamar:
-??Un Homo canis vulgaris, tenemos a un Homo canis vulgaris...!!

HYERONIMUS KALIBAN

CAMINO

El movimiento del vehículo producía violentas sacudidas, debido a lo irregular del terreno por donde circulaba. El paisaje circundante era monótono, una espesa nube de polvo lo cubría todo, produciendo un efecto sobrenatural, pero al volver la visión normal, poco cambio se verificaba. El campo llano, algún animal pastando, la típica vivienda rural con su molino de agua, un pequeño monte artificial amparando al ganado del inclemente sol del mediodía. Repentinamente la senda se vio interrumpida por una portera que por su aspecto demostraba que no se hubiese usado hacía tiempo, y que al intentar abrirla no cedió fácilmente. Una zarza espinosa entrelazaba sus guías a lo largo de la abertura, intentó treparse para ver lo que se ocultaba detrás del sendero bloqueado, lo hizo con cautela, pues las amenazadoras púas de la enredadera, no facilitaban la operación, con algunos rasguños consiguió su propósito, lo que se mostraba a su curiosa mirada, difería notoriamente del paisaje visto y recorrido antes de la interrupción, el suelo presentaba escasa vegetación, de un color gris amarronado, otro indicio de desolación era la ausencia del canto de aves. Al erguirse para ver mejor, divisó una oscura mole edilicia sobre una elevación del terreno, flanqueada por árboles de gruesos troncos despojados de follaje, completando el cuadro, un tenue vapor envolvía la abandonada edificación. Bajó del vallado, verificó la hora, el tiempo había transcurrido más rápido de lo previsible, y habiendo hecho un desvío, el retorno a una ruta abierta insumiría el resto de la tarde, que ya declinaba. Al consultar el mapa carretero, la senda que estaba cortada no figuraba, sólo se mencionaba un área de montes naturales, con profusión de corrientes de agua.

Al retomar la marcha, lo hizo por una ruta con tránsito regular, y buena señalización, la que le permitió acceder a un centro poblado, al que arribó ya anochecido. Obtuvo alojamiento en una pensión de uso habitual de camioneros y modestos viajantes de comercio.

El trajinar del día ayudaron la llegada del reparador sueño. Reparador? Una avalancha de imágenes amenazadoras, inquietantes se abatieron sobre su inconsciente, se veía caminando a través de la reja, ya abierta, internándose por el misterioso terreno, que al pisarlo producía un crujido siniestro. A pesar de ser un sueño podía sentir el fétido olor del vapor desprendido del terreno, al avanzar hacia la oscura edificación, una fuerte opresión en el pecho le impedía caminar, los pies le pesaban, del interior de la construcción surgían unas siluetas indefinidas, que caminaban en forma errática, y estiraban los brazos con gestos suplicantes, las figuras se acercaban mostrando sus rostros surcados por cicatrices y llagas…….de pronto se despertó sofocado, con una sensación de fuego que le recorría todo el cuerpo. Para calmar tan incómoda sensación, salió de la habitación al exterior pero el fuego corporal no disminuía, lo que si sucedió al amanecer.

Emprendida la marcha el clima fue cambiando, de seco y sofocante de la víspera a fresco y ventoso con amenaza de tormenta. A los pocos quilómetros, un torbellino de viento envolvió al vehículo, casi de inmediato comenzó una pertinaz lluvia, acompañada de una impenetrable oscuridad, por precaución detuvo la marcha. Descendiendo del coche intentó orientarse, la cortina de agua no le permitió su propósito, retornó a refugiarse al vehículo, el frío y la mojadura lo sumieron en una modorra. De inmediato una leve sacudida y un sonido atenuado lo despertaron, al incorporarse unos tenues resplandores se percibieron a escasa distancia, las luces oscilaban, daban la impresión que se acercaban, para luego alejarse. La intensa lluvia se había trocado en llovizna, una curiosidad compulsiva lo llevó a acercarse al extraño fenómeno, las luces respondían a unas teas que despedían un resplandor verde amarillento, portadas por un grupo de figuras de contorno indefinido, rodeaba al grupo una cerrazón que impedía definir su aspecto, como magnetizado se vio arrastrado por la procesión hacia un portal rodeado de una siniestra enredadera espinosa, que daba paso a un alucinado y espectral escenario: el edificio de la víspera despedía un resplandor llameante, al acercarse el calor no lo quemaba, lo abrazó, lo abrazó, LO ABRASÓ…..

Aún es posible ver los restos calcinados de un vehículo, según los lugareños un día de tormenta eléctrica fue impactado por un rayo.

HYERONIMUS KALIBAN

ALETEO DE PASOS

Los pasos se acercan sin percibirse el roce sobre las lozas de la calleja, su levedad se semejaba al transitar por un mullido felpudo, ya se acercan al fin de su camino, al pasar bajo la mortecina luz y realizar un giro, se reveló la cruda realidad del enigmático viandante: un lisiado mutilado en sus miembros inferiores que se deslizaba con el apoyo de unas fundas almohadilladas que acallaban su andar. El oído puede engañar, pero la vista develar la verdad descarnada........Un ruego completó el periplo: “...por caridad su señoría una limosna para este despojo.........por caridad una ayuda.....”

HYERONIMUS KALIBAN