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sábado, 23 de octubre de 2010

Orbis Musicae, la caja de música de Copérnico


La diferencia entre el sonido y el ruido es la vibración regular del primero, lo que produce una sensación agradable al oído. Los pitagóricos hicieron este descubrimiento en forma experimental. En su villa de Crotone, Calabria, Pitágoras hizo vibrar cuerdas tensadas hasta que consiguió establecer relaciones numéricas con sus sensaciones auditivas. Descubrió los armónicos. Una nota es una suma de uno o más armónicos. Cuando la cuerda de un violín vibra en un armónico describe una sinusoide.
La sinusoide es la curva que describe una función matemática llamada seno. El seno de un ángulo es la relación que existe entre la hipotenusa y el cateto opuesto de un triángulo rectángulo (otra vez Pitágoras). Si imaginamos un círculo que está dividido por una línea y un punto en el borde, se formará un único triángulo rectángulo con ese punto, un punto situado en la línea antes mencionada y el centro. Cuando el círculo gire avanzando en un plano horizontal sin deslizamiento, el punto situado sobre la línea divisoria se moverá describiendo una sinusoide (el centro del círculo dibujará una línea y el punto en la circunferencia un cicloide). Podemos concluir, entonces, que la música guarda relación con puntos girando en el borde de un círculo.
Por mucho tiempo se creyó en el geocentrismo: la Tierra como centro del universo. La Iglesia Católica tenía esa posición. Fue Copérnico que le dio un golpe de estado a la Tierra en favor del Sol, formulando el heliocentrismo, en el que los planetas, incluida la Tierra, giran en órbitas circulares alrededor del Sol. La Tierra perdió para siempre su lugar en el gobierno central pasando a ser una simple súbdita, y no de las mayores. Más tarde Kepler descubrió que las órbitas en realidad eran elípticas y que el Sol ocupa uno de los focos, pero eso no guarda relación con este relato.
Basado en los dos principios mencionados, los armónicos y el heliocentrismo, en sus últimos años de vida y utilizando los materiales más nobles disponibles, maderas duras y piedras y metales preciosos, Copérnico construyó una caja de música con seis ruedas, llamadas las planetarias, calibradas según las órbitas de los seis planetas conocidos hasta ese entonces (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno). Con este autómata logró reproducir una música celestial que brinda a su oyente paz y una claridad mental extraordinaria, a la vez que elimina todo rastro de cansancio. Teorías no comprobadas establecen una relación entre la música que emite la caja y el incremento de la actividad de las ondas alfa que produce el cerebro. Copérnico bautizó a su caja como Orbis Musicae.
Las crónicas de la época establecen que Copérnico regaló su obra maestra al príncipe elector de Westfalia, y éste, a su vez, al emperador del Sacro Imperio Romano. Se cuenta que el emperador utilizaba la Orbis Musicae, junto con una copa de oporto, antes de adoptar cualquier decisión trascendental referida a su gobierno.
La historia de la Orbis Musicae se perdió en el tiempo, al punto que se la creyó un objeto legendario, al estilo del Santo Grial. Fue recién a fines del siglo XX, pocos días antes del cambio de milenio, que reapareció en Londres y se publicó la única foto conocida de la Orbis Musicae, en la que aparecen sus seis ruedas planetarias. La caja es propiedad de la corona inglesa, una de sus mayores joyas. Se cree que ha sido utilizada por reyes y primeros ministros británicos desde principios del siglo XVIII y se atribuye a su uso el otrora dominio inglés de los mares.