sábado, 17 de diciembre de 2011

Mea culpa

"Lo que calma es el grito"
Buenos muchachos. Pavimento de buen muchacho.
En la pared de mi cubículo pegué la entrevista a Ray Kurzweil que Viking Press le hizo por los años ochenta con motivo de la fundación del Instituto de la singularidad para la Inteligencia Artificial. La leo todos los días para confortarme, para subrayar la diferencia con estos humanos de hoy, los que ya no saben qué es leer ni escribir, los que ya no hablan ni escuchan, los que ya no sienten... Pero sobre todo la leo para regodearme en haber sido tan inocente, en haber creído todo aquello, en haber apostado a la Singularidad.
La parte que más me gusta de la entrevista es cuando Kurzweil le explica al periodista de qué viene la cosa:
"Dentro de un cuarto de siglo, la inteligencia no-biológica va a igualar el alcance y la sutileza de la inteligencia humana. Luego la va a sobrepasar, debido a la aceleración contínua de las tecnologías de la información, así como la capacidad de las máquinas para compartir instantáneamente su conocimiento. Los nanobots inteligentes estarán profundamente integrados en nuestros cuerpos, nuestros cerebros y nuestro entorno, venciendo la contaminación y la pobreza, brindando una longevidad enormemente extendida, una inmersión total a la realidad virtual incorporando todos los sentidos, la teleportación de experiencias, y una inteligencia humana enormemente mejorada. El resultado será una íntima fusión entre las especies que crean la tecnología y el resultante proceso evolutivo tecnológico."
-¿Y esa es la Singularidad? -pregunta el periodista.
-No, sólo es la precursora -le aclara Ray- la inteligencia no-biológica tendrá acceso a su propio diseño y será capaz de mejorarse a sí misma en un ciclo de rediseño cada vez más rápido. Llegaremos a un punto donde el progreso tecnológico será tan rápido que la inteligencia humana no-mejorada será incapaz de seguirlo. Esto marcará la Singularidad."

¡Maldita Singularidad! Todavía quedamos algunos cientos con "inteligencia humana no-mejorada", y son ellos, los nuevos, los que no pueden seguirnos.
Vivimos en una especie de zoológico cerrado al público, sólo los de mantenimiento y los educadores pueden entrar aquí. Los de mantenimiento, como el resto del planeta, son ciegos, sordos y mudos a todo lo que venga a través de los sentidos. Los educadores, en cambio, están equipados con decodificadores para oir los ruidos que hacemos, olfatear los perfumes que emanamos y ver el aspecto que tenemos y cómo nos movemos. No tienen decodificadores ni de tacto ni de gusto.
Los de mantenimiento hacen exactamente eso: nos mantienen vivos. Los educadores hace ya más de cien años que nos estudian; tratan de comprender cómo funciona nuestro cerebro para poder volvernos "normales".

Cada tanto logran "normalizar a un antiguo" -como dicen ellos- y creo que es lo más parecido a la satisfacción que sienten. "Paró de sufrir" -dicen, pero no tienen idea de lo que significa "sufrir"; ya muchos verbos son carentes de contenido para esta nueva raza.

Jamás entenderán el sufrimiento de Charly. Ningún decodificador podrá hacerlos sentir ese piano que le permiten conservar y en el que Charly toca y toca, mientras canta todo lo que duele ser él. No tienen decodificador para la furia, ni para lo que ella lastima. No pueden entender cuando él grita "Say no more". Ellos sólo pueden ver y oir la desmesura. El esqueleto fuera de toda medida, mucho más largo que ancho, transparentándose por esa poca carne que lo cubre. A ellos sólo les llega la cantidad de decibeles del grito, no el grito mismo.

Cuando vienen me concentro en tararear canciones antiguas. Con el esfuerzo de recordar la letra mantengo mi cabeza ocupada, cerrada a otros pensamientos. Tarareo canciones de cuna e infantiles, alguna balada, cualquier cosa que suene inocua y tranquila, así no les entra la urgencia por normalizarme. Me ven serena y me dejan en paz.

¿Cómo podía imaginar que a mi defensa la iban a convertir en un arma?

Hoy normalizaron a Charly. Me crucé con él a la salida del cubículo de mantenimiento. Caminaba como dormido e iba tarareando bajito: "Tirate al río en la parte más profunda, y después cuando te hundas, si querés podés gritar".

Catalinaa

1 comentario:

  1. puf!!! me ha encantado!!! miedito da porque no lo veo tan de ciencia ficcion...mira igual te gusta este blog de un colega mejicano que a mi parecer escribe muy bien. Me he acordado por lo del piano ya que el tiende mucho a meter música en sus relatos (www.tabacofrito.blogspot.com). Un saludo.

    ResponderEliminar