jueves, 30 de enero de 2014

DISPARADOR FANTÁSTICO: COMO SERÁ LA VIDA EN URUGUAY DENTRO DE CIEN AÑOS.


LO QUE FUE UNA VEZ URUGUAY
Año 2113
Patricia K. Olivera©


El silencio era perturbador. Una cucaracha pasó deteniéndose aquí y allá, metiéndose bajo algunas rocas o en algún agujero que lograra encontrar en el suelo cuarteado, castigado por los letales rayos del sol. Un chasquido se oyó en alguna parte y el insecto huyó despavorido. De un hoyo, surgido sobre la tierra seca, asomó una cabeza monstruosa que miró en torno con lentitud; luego de unos instantes, y no sin algún esfuerzo, terminó de emerger por completo. Con movimientos lentos se irguió y se sostuvo la parte baja de la espalda, como si hubiera hecho un esfuerzo demasiado pesado para él.
No se trataba de un monstruo, era uno de los últimos sobrevivientes de la raza humana que salía con un traje protector; podría decirse que era un uruguayo aunque eso ni siquiera se podía confirma.


Luego de que los países comenzaran a hacer desaparecer sus fronteras, proceso que se inició a finales del siglo XXI, uniendo continentes, todos los seres humanos dejaron de tener nacionalidades, idiomas, costumbres y creencias distintas. Pasaron a ser miembros comunes de una sola sociedad mundial, para la que se había adoptado un único idioma, creado para tal fin, al igual que una religión de amor, común a todos, que los aunara y terminara de una buena vez con el conflicto religioso que por siglos habían empañado la historia de la humanidad.
Sin embargo, esa religión común que tanto soñaron muchos no fue posible en los hechos. Al mismo tiempo que los llamados «gurúes de la religión» intentaban engañar a la gente en procura de captar todo lo que estos tenían, grandes imperios empresariales, igualmente inescrupulosos, comenzaron a manipular la calidad de la alimentación, el ADN y los recursos naturales que, por escasos, eran cada día más difíciles de reponer. La Tierra se estaba consumiendo y muy pocos se daban cuenta. Sin embargo, todos estaban contentos con el apogeo de los avances tecnológicos, y del consumismo que se iba apoderando con más fuerza de las personas. Y así, poco a poco, los países comenzaron a caer en dictaduras de izquierdas. Los líderes de los distintos gobiernos decidieron derrocar a la antigua ONU y conformar una organización que liderara en la Tierra, unificando las superficies en una nación mundial. Fueron neutralizando a sus ciudadanos, convenciéndolos de que era mejor tener a mano lo último en adelantos tecnológicos del momento que dedicarse a cultivarse intelectualmente. Eso formó ciudadanos consumista y conformistas en todos los países; ignorantes que se volvieron presas fáciles de controlar y manipular para logar una re unificación que permitiera dominar sus mentes y sus vidas.
Uruguay, obviamente, no escapó a nada de lo sucedido, desde permitir la instalación de empresas que trabajaron en detrimento de nuestros recursos naturales y de nuestra calidad de vida, hasta descuidar con alevosía la educación y salud de nuestra población. La promulgación de leyes como el casamiento igualitario, la despenalización del aborto, entre otras, llevó a que el país ganara prestigio; la aprobación de la ley que legalizó el consumo responsable de la marihuana fue el broche de oro, ya que nuestro país pensaba que iba a facilitar la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, eso fue sólo una dulce utopía, quizá pudieron controlar y registrar a los consumidores de marihuana, pero el número de consumidores y distribuidores de drogas pesadas resultó difícil de descifrar; estos continuaron siendo anónimos, trabajando en las sombras, debilitando el sistema en general y envenenando a la población poco a poco. En cuestión de años, coincidiendo con el inicio de la formación de la nación mundial, dejamos de ser para siempre La Suiza de América, el destino turístico preferido por los extranjeros. Dejamos de estar orgullosos de Gardel, del asado, del dulce de leche y de nuestras playas y balnearios. Total, ya casi ni teníamos aguas limpias donde tomar baños y arenas blancas donde dormir al sol. Los balnearios se convirtieron en pueblos fantasmas. La capa de ozono había alcanzado proporciones inimaginables y el sol se había vuelto tan peligroso que ya no se podía estar en las calles. Los alimentos comenzaron a escasear, era difícil conseguir agua potable digna de ser consumida. Tampoco era fácil hallar medicamentos, estos se fueron acabando al intentar salvar a la gente que comenzaban a sentir los efectos de los rayos ultravioletas. Las escuelas cerraron. Los grandes supermercados lucían abandonados, con sus estantes vacíos debido al saqueo y la violencia que se había apoderado del país y del mundo. La gente ya no salía de su casa y cuando conseguir alimento y agua potable ya no fue posible comenzaron a morir.
Los únicos sobrevivientes fueron unos pocos privilegiados, personajes de renombre mundial en áreas como la genética, la química, y la física; científicos que convivían, bajo tierra, en las instalaciones que construyeron durante años los distintos gobiernos, antes de la unificación, con otras personas elegidas; hombre y mujeres que repoblarían la Tierra cuando esta volviera a ser habitable.
Uruguay, es decir, el territorio (o parte del territorio) que le había pertenecido en su momento, también poseía un bunker bajo tierra para el caso de ser necesario. Construido con el paso de los años y oculto a los ojos de sus ciudadanos. Allí convivían los contados científicos que el país llegó a preparar en secreto, con un contingente de personas y personajes de la alta sociedad, (los únicos capaces de pagarse una estadía en el lugar, para ellos y sus familias) la raza del futuro...

Cada cierto tiempo, los científicos suben a la superficie para comprobar cambios en la atmósfera; recolectan muestras de suelo y de agua en busca de modificaciones ambientales. Cada tanto, cuando se quedan mirando el horizonte desierto e impenetrable, una lágrima corre por sus rostros al recordar las calles, las ramblas, las plazas, la gente; el Uruguay que fue, el planeta que fue y que nunca más volverá a ser...


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